Sunday, December 14, 2014

Oración

(2014) - 13 de Diciembre

Danos tu pan con manteca de domingo a la tarde. Danos la sonrisa de una mujer bajo la luz de un velador. Danos la fibra que te acaricia la espalda cuando hace frío. Danos el fuego sin madera. Danos las brasas consumidas en la lentitud del verano. Danos las aguas del sueño cuando sea necesario. Danos el difícil abrazo de la despedida, el abrazo soñado de la añoranza. Danos la luz sin filtro. Danos el suelo mojado por la lluvia en las callejuelas deshabitadas que se duermen en el alcohol de la ciudad. Danos el libro que nos diga algo mirándonos directamente a los ojos. Danos un libro que no obedezca a los mandamientos del consumismo. Danos un libro que se ofrezca a así mismo liberado de pasiones oportunistas. Danos sal para la carne y un vaso para el vino; danos un plato de madera y cubiertos rústicos. Danos el desayuno, el almuerzo y la cena. Danos el techo que cobije nuestras penas y amores desterrados. Danos el tarro de miel de eucaliptos y una cuchara. Danos la libertad de comer el azúcar morena con las manos. Danos un lápiz y un cuaderno para poder apuntar nuestras locuras. Danos un cine al aire libre y una tortilla de patatas. Danos la calidez de un ombligo y un beso en los brazos. Danos el signo que la sangre va dibujando en el aire cada vez que alguien muere injustamente. Danos un billete para el metro y una escalera mecánica. Danos el brillo oscuro que la ciudad ostenta por la tarde. Danos el sol que abriga nuestros cuerpos temerosos cuando la pena nos gana la batalla. Danos ángulo suficiente para poder maniobrar nuestras andanzas mundanas. Danos la música de un piropo a un ser querido. Danos el collar que endulce el cuello abierto de la mujer que más nos gusta. Danos pendientes nuevos para poder cortejarla. Danos música negra para despertar el animal de fuego que nos quema las entrañas. Danos el sabor de unos labios de leche fresca. Danos la importancia de creer en la educación de toda la raza. Danos  la magia de los amigos.

La voluntad la ponemos nosotros.

Enséñanos a ser más inteligentes a la hora de decir las cosas por su nombre. Enséñanos a creer en el otro sin juzgar su sexo ni su raza. Enséñanos a aprender los valores del respeto. Enséñanos a cerrar la boca y no decir pavadas. Enséñanos a creer que el silencio es otra puerta de enseñanza. Enséñanos a entender que nos equivocamos, porque lo que más deseamos en el mundo es tal vez malinterpretado. Enséñanos a creer en nosotros mismos, como individuos y como grupo. Enséñanos que la vida está en cosas pequeñas, una guitarra desnuda en el sillón, pedazos de pan mojado en la sopa. Enséñanos que el mal no es tan malo si se lo mira desde otro punto de vista. Enséñanos a cambiar cuando tengamos ganas. Enséñanos que la sal y el vino van de la mano entre los árboles, que el viento, viejo y helado, acaricia los cabellos blancos de las montañas. Enséñanos que hay también redención contemplando el mar. Enséñanos que tenemos que tirar a la basura las gomas de borrar que no borran. Enséñanos que las manos son templos en los cuerpos de nuestra amada. Enséñanos  a detenernos en los instantes de su cuerpo. Enséñanos a cuidar de nuestros padres como si fueran nuestros héroes, enséñanos a darles nuestro cariño más profundo. Enséñanos a hablar con nuestros hermanos a pesar de la distancia. Enséñanos a dar vuelta la casa cuando nos sintamos activos: que nuestra casa sea nuestro hogar propio, nuestro espacio de libertad. Enséñanos a perder la mala costumbre de ser fríos en la calle. Enséñanos a reírnos de nuestro hermano del viento el espejo, que erosiona nuestros rostros como rocas frías. Enséñanos a ser más nosotros mismos.


La voluntad la ponemos nosotros.

Sunday, November 23, 2014

El sueño del poeta

(2014)

La luz de la tarde atravesando la densidad del bosque, convirtiéndose en un mar de luz en el pasto. Reflejo de esa luz que también se mueve por los árboles como un torbellino o un arroyo. Una sonata que suena en la lejanía. Un hombre pensando en cualquier cosa. Un hombre que se da cuenta de que se equivoca y no hace nada. Un hombre temeroso, un guanaco de espaldas. Un caballero de poca monta. Un avestruz haragán.
Oí los tambores en la tarde repentina. Los árboles gemelos mirándose con desconfianza. Un oso hormiguero dibujando hormigas en una libreta blanquísima.
Hay un momento frío que atraviesa la tarde con las hojas de sus cuchillos. Es entonces que uno decide salir a caminar.

La tristeza del árbol carcomido por las hormigas. Los murmullos de la tarde despiertan al poeta. Renace en una especie de acuario, o una ciénaga. El poeta no sabe dónde está. Insiste. Quiere encontrar esa palabra justa, esa descripción clara. El poeta despierta: quiere darle sentido a todas las cosas.

Saturday, November 15, 2014

Los platos

(2014)

          Aunque por un lado intento encontrarle el disfrute a las tareas de la casa, la realidad es que si pudiera no haría ninguna. Sin embargo, puedo decir que de todas, la que menos me disgusta es lavar los platos. Encuentro un estilo de lavar, de dejar los platos que gotean a secar. Pasarle a los tenedores y a las cucharas, a los vasos y a las tazas, la esponja espumante, el suave correr del agua sobre la cerámica de los platos azules.

Sunday, November 9, 2014

Ellos dicen

(2014)

Ella dice

Quiero que me dome un poeta
Que en sus manos verbales
Sienta el latido de la sangre
Quiero ser la princesa prisionera
Que busque la salvación
En la música de sus palabras

Quiero que me ames a tu manera
Que respondas a mis palabras
Con una cuchara de azúcar morena

Quiero que bailes conmigo
Como si no te conociera
Y que también lo hagas como si
Estuviésemos dentro del otro.

Quiero abrazarte en la cama
Que seas un hombre feliz a mi lado

Que el calor tenga siempre aroma a verano
Que las luciérnagas de tu mirada sean
El reflejo puro de tu alma

Quiero tenerte cerca
Cuando cae la tarde
Y el calor disminuye de pronto

Quiero ser el puerto siempre cercano
En las mareas de tu vida

Quiero que me ames despacio
Que comprendas mis tiempos
De éxitos y de fracasos

Quiero escucharte con todos los sentidos
Quiero ofrecerte mis verdades

Quiero que llores en mi pecho
Aunque sea la congoja más pequeña

Quiero que me cantes bajito
Cuando la noche nos cubre con mantas

Quiero verte brillar
Quiero acompañarte cuando estés triste

Quiero que sepas que hay amarguras en la vida
Y que todas deben ser aceptadas

Así es la vida




Él dice

           Quiero tenerte mansa y arrebatada
Tierna y salvaje
Hembra y animal

Quiero abrazarte cuando la lluvia te haya mojado
Mirar para donde mires
Cuando te acodes en la ventana

Hay hoteles que exhiben banderas
Pero ninguna flor

Hay mujeres coquetas que sólo
Se ven en bares
Que sólo se arreglan
Cuando ven a un hombre

Yo quiero que vos seas verdadera
Honesta contigo mismo

Me gusta cuando el atardecer
Cae sobre los techos y las ventanas
Antiguas de Europa
Cuando las catedrales parecen grabados
En sepia: quiero que estés a mi lado
Cuando las contemplo

Y quiero verte siempre
Como si fueras carne fresca
Mis labios en la ciruela abierta
De tu sexo

Quiero que en tus calles
Haya manadas de turistas
Saliendo de museos
Que haya plazas abiertas
Donde poder besarte por la noche

Si tengo el cuerpo cubierto de piedras
Quiero que seas tú la culpable
Que seas tú la que contenga mi llanto

Quiero caminar en la geografía de tu espalda

¿Cuántas veces repetirás mi nombre entero cuando
en las cavernas de tu cama sólo haya oscuridad?

Sabré recordar que el viento
Da sentido a las cosas
Como un beso salvaje en una fiesta inesperada
            Como un tren a la distancia

En la distancia y en el tacto
Existe un espacio indeterminado,
El reflejo de un conjuro:
Las ardillas nunca caen de un árbol
¿O es que el árbol no deja caer a la ardilla?

Cubriré de ausencia las paredes de mis fotos
Y en el centelleo de tus ojos
Buscaré la alcoba de la eternidad

Si no sales a mi encuentro
No hay problema: has sido fiel
Desde el principio

Controlaré las tragedias
Que retumban en mis tímpanos
Cuando no oigo tus silencios

Meteré las manos en sacos de azúcar
Para acariciarte con una dulzura desmedida

Dejaré que el sol caiga
En los jardines de mi rutina
Cuando me de la gana

Sé que buscarás la luna cuando
Los llantos de la vida irrumpan
En tu  misma vida
Como piratas embebidos

Partimos la manzana hace mucho tiempo
Y el sol de tantas tardes
Nos quemó los pies descalzos

Tus pasos retumbarán como manadas de elefantes
Cuando note la ausencia en el filo de mi cama

Habrá siempre un hombro
Esperando que te inclines
Con el cariño de un ser querido

La niña y el globo

(2014)

Esta es un historia corta.
Cuando uno suelta realmente las cosas,
entiende hacia donde van. Como el globo
que suelta la niña al cielo.

El conflicto de la niña: por un lado,
el sistema que ordena tener cosas para ser feliz;
por el otro, el alma de la niña,
que es más feliz mirando el recorrido azaroso
del globo en el aire. La niña no piensa, así,
en su cuerpo sosteniendo el piolín del globo.

La niña vuela, así,
el mismo vuelo que vuela el globo.

Thursday, October 30, 2014

La vida

(2014)

Todavía dudo si el hombre que vi hoy en la calle era él.

Lo había visto por última vez en el verano, el día después en el que Messi la había clavado en el ángulo contra Irán.
Vestía, con orgullo, la camiseta de Argentina. Sonreía. Caminaba junto a una chica. No llegué a verla, pero mi intuición la juzgó argentina: nunca se me ocurrió pensar que ese tipo andaría con una mujer que no fuese argentina.
Bajaban por la calle Huertas, a pocos pasos de la Plaza del Ángel. Él caminaba con ese andar típico argentino, como si tuviera resortes en las zapatillas. Me sacaba varios centímetros de altura.

-Nos salvó Messi -recuerdo haberle dicho. Él respondió algo y sonrió.

Hoy, tres o cuatro meses después, lo volví a ver. Yo regresaba a casa desde los Cines Ideal.  Pasé la Churrería que hace esquina en Atocha con Benavente. Luego, la tienda de café y la heladería. Siempre que paso por la librería religiosa de la esquina de Plaza del Ángel, miro las novedades de pasada (nunca me detengo a mirar nada en esa librería). Al doblar la esquina, me encontré con sus ojos.
Nos habíamos conocido en algún bar de la zona de Las Cortes, en los alrededores de Plaza Santa Ana, durante algún partido de fútbol. Nos habíamos cruzado varias veces por la calle, pero nunca nos detuvimos a charlar.
Hoy no nos dirigimos la palabra. Nuestras miradas se reconocieron; nuestras realidades enmudecieron. Los centímetros que me sacaba, desparecieron. Parecía incluso más bajito. Tenía la cara poblada por una barba crecida de forma dispareja y una mirada acaso desesperada. Gris de presencia, parecía encorvado, escurridizo. Tenía aspecto de no ducharse hacía semanas.
Nunca recordé su nombre. Tenía un nombre que no pegaba con su cara, algo así como Jonathan o Marcelo. No reaccioné al verlo. Mejor dicho, reaccioné asombrado, desconcertado ante su presencia. Todavía dudo si era él.
No sé cuánto tiempo llevará en la calle. Un mes. Dos, quizás. En tres meses su vida dio un giro impredecible.
Ahora que recuerdo el momento en el que nos cruzamos, avergonzado de mi reacción muda, observo que él no se detuvo a a decirme nada. No atizó a decir palabra. Sentí que me había reconocido, pero creo haber visto un destello de vergüenza en su apariencia al pasar a mi lado, un halo de tristeza. Un golpe duro de la vida. Entonces comprendo por qué no se detuvo.
Desconozco las razones de su situación. Incluso me pregunto cómo reaccionaré cuando lo vea. Si lo veo, si lo vuelvo a ver.
Todavía dudo si ese hombre era él.

Friday, October 24, 2014

These barren fields

(2014)

These barren fields
Trembling under my feet.

She tries to reach the ropes of the rain
As I lie unarmed on a bed of nails.

Why wouldn’t the soil I breathe
Spring up like a newborn seed?

I shiver reckless in the moonlight
I hear her voice in my head.

Sunday, October 5, 2014

El campo de rugby

(2014)

Hace frío. El campo de rugby es una mezcla de césped y barro mojados en el que las pisadas se hunden. El gordo corre hacia mí. Aunque, desde mi punto de vista, camina, con la pelota de rubgy bajo el brazo, como si supiera que nadie lo detendrá. Mis compañeros de equipo vienen corriendo detrás de él, con caras de terror que hacen que el miedo me paralice y no me deje mover. Transpiro. No pienso. Estoy preparado para cualquier cosa. El gordo, cada vez más cerca, sonríe con la lengua fuera. Alguien grita ‘¡bajalo!’
No sé cómo ni por qué me encuentro en el barro, agarrado a las piernas del gordo, que yace embarrado en el césped junto a mí. No siento el cuerpo. La pelota, un poco más allá, también embarrada. Oigo gritos, pero no sé si de júbilo o terror. Me levanto.


Monday, September 29, 2014

Palomitas de maíz, esa maldita costumbre

(2014)

Nunca comprendí esa pasión desmedida que conduce a la gente a comprar palomitas de maíz en el cine; como si la ausencia de las mismas influyera negativamente en la acción de ver la película que se eligió.
Siempre rechacé ese olor fuerte que impregna las salas, la odiosa sinfonía de grupos de personas que pareciera que se ponen de acuerdo para hacer ruido mientras uno se sienta en su butaca con la intención de ver una película en un ambiente silencioso.
Sé que exagero cuando digo que si Aladino me ofreciera un deseo, un sólo deseo, le pediría, sin pensarlo dos veces, que elimine de la faz de la tierra esa maldita costumbre de comer palomitas de maíz en los cines.

Thursday, September 25, 2014

El ascensor

(2014)

El edificio donde vivo tiene un pequeño ascensor. Mi departamento se encuentra en el último piso: el quinto. El ascensor tarda, sin interrupciones, 20 segundos más o menos desde la planta baja hasta el quinto piso.

Muchas veces, apenas entro en el ascensor, y después de pulsar el botón del quinto, abro un libro que venía leyendo de regreso del trabajo. Muchas de esas veces, absorbido por la lectura, me veo empujado a salir del ascensor cuando en realidad me gustaría que el cubículo continúe subiendo indefinidamente.

Por alguna razón, encuentro que el ambiente del ascensor es propicio para la lectura. No sé a ciencia cierta si podría explicarlo. Sé, sin embargo, que cada vez que leo algo en ese cubículo cerrado que me eleva en el espacio, me encuentro a gusto.

Pero eso sólo me pasa con la lectura. Si en vez de un libro lo que llevo es una bolsa con verduras, entonces el ascensor se me antoja como un elemento más que me permite llegar a mi piso sin esfuerzo físico.

Confieso que alguna vez intenté subir y bajar en el ascensor mientras leía, pero no conseguí que el ambiente del ascensor se mantenga como en esos 20 segundos iniciales. Por lo tanto he comprendido que, de cualquier manera, no podré cambiar ese pequeño goce de pocos segundos en el que disfruto la lectura como lo haría en un sillón junto a una ventana donde golpea la lluvia.

Saturday, August 9, 2014

Cosas simples

(2014)

          La vida nos impide muchas veces disfrutar ciertas cosas simples. Uno no debe olvidar que son las cosas simples las que nos alegran la vida. Un chocolate caliente en invierno, un grifo lloviendo agua en tu cabeza en verano.
          Hoy tuve uno de esos días en los que decidí no hacer nada. Me quedé en mi casa todo el día, excepto por la mañana, que salí dos veces a hacer compras mínimas. Almorcé sepia, bien acompañada por arroz con atún y huevo duro. (Placeres simples, de eso estoy hablando.)
          Miré dos películas. La segunda sufrió un corte por la mitad, debido a unas ganas cuyo volumen creció hasta convertirse en una decisión sin retorno: abrí un libro.
          Estoy leyendo con ganas la historia de Ed Wood, el peor director de cine de todos los tiempos, según dirían los grandes almacenes de noticias amarillistas llamado Hollywood. Cosas simples, lo que digo.
          Entonces, reconociendo estos acontecimientos sin preguntas inútiles, bajé a comprar entradas para ir al cine. En Calle Santa Isabel, a dos cuadras del Cine Doré, esquina con Zurita, sentí que debía detenerme a mirar el paisaje que esta esquina madrileña nos ofrece cada día, si estamos atentos. Una calle que desciende en una breve curva, un horizonte de edificios que van perdiendo altura a medida que la calle baja, para darle al cielo un espacio más abierto que de costumbre.
          Llegar a casa y escuchar una ópera de Puccini, hojear El Gran Gatsby en su edición en inglés. Cosas simples.

Sunday, June 29, 2014

Desconectar a tiempo

(2014)

En la vida uno tiene que saber desconectar a tiempo. Dejar un lado el modo productivo para adentrarse en el modo de búsqueda. Contemplar un atardecer desde tu ventana. Un sol que se derrumba sobre los techos, tiñendo de tonos de color ocre las chimeneas y los tejados.
Dejar de lado las noticias vacías en el periódico electrónico y rescatar de entre los recuerdos los bosques de tu propia morada. Y dejar que el viento ponga sus manos frías en tu cuerpo, como una mujer que quisiera poseerte.
Desconectar a tiempo para no perderse la belleza que acontece cuando el color de la tarde entra en tu casa, te arrulla con su brisa, te acongoja con su somnolencia.
Que las fronteras desaparezcan en el globo terráqueo de tu cabeza. Que florezcan amapolas en el jardín de tus apariencias. Y que las barcas de lágrimas que navegan los ríos de tus entrañas encuentren su océano en tu mirada. Que la vida no sea despiadada porque sí.
Preparas primero tu mano para que tenga más poder. Con fuerza, quitas el cable que tenías enchufado en tu cabeza. Ese cable que la gente llama rutina. Lo dejas a un lado y empiezas a temblar un poco. Eso siempre sucede cuando uno se desconecta. No temas, el temblor dura poco y lo que viene es una sensación reveladora: la vida está siempre aquí y ahora.

Tuesday, May 27, 2014

El viaje y las personas

(2014)

A la gente le gusta viajar. Es un hecho. Viajar y luego regresar a casa. Yo creo que viajamos por razones interiores. Los viajes no son hacia fuera. No volvemos a casa enamorados de los sitios que conocimos. No regresamos enamorados de Roma o de París. Lo que sucede es que viajamos hacia adentro. No conocemos Roma o París. No nos enamoramos de esos sitios, sino que encontramos paz en nuestro interior en esos sitios. Nos conocemos a nosotros mismos a través de los sitios que visitamos.
Inicialmente, viajé a París por tres noches. Cada día que pasaba terminaba decidiendo quedarme una noche más. Fueron 7 días y 6 noches de una magia sin igual. Con el tiempo descubrí que no me gustaban sus callejuelas grises y bohemias. No decidía cada noche extender mi estadía un día más por la comida o las mujeres inalcanzables de París. Cada día, cada hora, a cada instante, yo viajaba y descubría sitios nunca antes visitados dentro de mí: tierras baldías, ciénagas y bosques, laberintos y casas rurales.
El viaje despierta en nosotros una voz desconocida. Aunque suele gustarnos, puede también desagradarnos. Puede cambiar el rumbo de nuestro carácter, remodelar nuestra visión del mundo. Por eso nos gusta viajar. Porque cambiamos. Acostumbrados a una rutina de pan con manteca y lunes a viernes, adormecidos como centinelas aburridos una noche de lluvia y de frío, el viaje nos despierta al mundo, revuelve nuestras entrañas como una noria que funciona día y noche.
Cuando viajamos, nos ocupamos de nosotros mismos, contrario a lo que sucede en la vida diaria, en la que tenemos planeadas miles de actividades que no nos llevan a nuestro propio interior.

En definitiva, siempre que regresamos de un viaje, lo hacemos con la conciencia más flexible y terminamos por pensar que viajar es vivir.

Sunday, April 6, 2014

Técnica y corazón

(2014)
(Homenaje a Paco de Lucía)

Paco de Lucía no ha muerto
A sueldo de negocios sucios.

Murió en la playa
Mirando de reojo al mar.

Abrazó quizá la imagen
De una acorde que nacía
En el origen de las orillas y los arpegios:
Técnica y corazón.

No huyó. No se escondió.

Vivió con el horizonte
Derrumbándose en el océano,
Hambriento de otros dioses.

Construyó su música
Con la madera y con la lluvia,
Con el viento. Con la carne.

Arrancó de su guitarra
Los gritos ahogados del Mediterráneo.
Habitó en su guitarra
El alma humeante de Andalucía.

Paco de Lucía no ha muerto:
Pervive en los espacios etéreos
De guitarras que suenan en la noche profunda,
Mientras los músculos del viento
Se extienden en las llanuras del mar.

Saturday, March 22, 2014

22 de Marzo, 2014

(22 de Marzo, 2014)

Tenemos vecinos nuevos. Los acabo de despedir a la salida del ascensor con un recatado hasta luego. El portón, casi se los cierro en la cara. Entré al ascensor rápidamente: uno siempre desconfía de las caras nuevas. Entraron después de mí ágilmente, como dos leopardos.
Durante el ascenso, la pareja cruzó algunas palabras. Después, fue todo silencio. Nos estudiamos sin mirarnos, sólo percibiendo el estar y el sentir de la persona a su lado. Sentí que ellos también se estudiaron un instante. Fue un momento extraño, lleno de magia.
Él abrió la puerta del ascensor. Ella esperó a que yo le ceda el paso. Lo hice, pero sin un mínimo gesto: no me moví un ápice. Ella salió despedida. Fue por la incertidumbre, que le abrió los ojos. No los miré. Fui hacia el portal derecho, sin parpadear un instante.