Saturday, December 28, 2013

Mujer, compañera, amiga

(2013)

Si el beso fuese un flagelo
El mundo perdería su gloria


Una mujer, tu compañera de los días y de las estaciones, es aquella que te banca todas.
Una mujer es el calor de las noches más frías, la fuente de tus lágrimas perdidas.
Una mujer es una patria salvaje, un desierto bajo la tormenta más hermosa.
Una mujer es un fuego pasional, un laberinto de sensaciones de lo más disparatadas y diversas.
Una mujer, una compañera y una amiga te pone los puntos y sin embargo te apoya cuando siente, cuando presiente que en tu interior comienzan a vibrar otro tipo de cuerdas, más dulces, más trepidantes, más decadentes.
Una mujer, una compañera, una amiga cambia sus horarios por vos. Te dice te quiero en la oscuridad y se duerme al instante;
aquélla que puede tocarte adentro, hasta las lágrimas, y hacerte acurrucar a su lado.
Una mujer, una compañera, una amiga, te mira primero a los ojos; te hace emocionar con sus emociones.
Una mujer, una compañera  y una amiga es siempre un faro en la tormenta. Es una ancla, sus misterios.

Una mujer así te acaricia, juega con vos cuando estás triste.
Una mujer así se acerca con los pasos medidos, besa tu boca y la endulza.

Una mujer, una compañera y una amiga es aquélla que sabe que ella es también un territorio.
Una mujer, una compañera y una amiga es aquélla que te deja la comida hecha para tus días interminables;
aquélla que te prepara para hablar dejándote una nota en la mesa de la cocina;
aquélla que te golpea suavemente el brazo cuando te estás pasando de rosca;
aquélla que se ocupa de tus desvaríos y vaguedades;
aquélla capaz de prepararte el plato que más te gusta simplemente para celebrar el haberse conocido;
aquélla que se acurruca en tu regazo y ronronea como un gatito triste para pedirte perdón;
aquélla que se preocupa si volvés sólo y oxidado;
aquélla que te defiende sin aspavientos;
aquélla que te dice buenas noches incluso cuando está enojada.


PD: Es lindo verte crecer, como un arbolito perfumado. Renacer a cada instante, medir tus sensaciones.



Madres

(2013)

Las Madres de la Plaza de Mayo nos mostraron el camino que el mundo debía seguir a base de pasos y de lucha. No seré hipócrita para decirles que entiendo su lucha. Sólo una madre sabe lo que significa perder a un hijo. Pero las acompaño y las apoyo con la humildad que me confiere ser hijo.

Tengo la suerte de saber qué es una madre, de qué está hecha: capaz de salir bajo cualquier diluvio por un pedazo de pan y un puñado de trigo. Mi madre, con su corazón lleno de flores y su mano de piedra.

Las madres son la luz que alumbra el camino. Y si el camino está sucio y no les gusta, ellas ponen un mantel y te piden que las ayudes a plantar un arbolito.

Una madre es el aliento primitivo. Todos hemos respirado en su vientre, no lo olvides.
Ellas habrán escuchado nuestras primeras palabras, pero nosotros, sus hijos, hemos escuchado las suyas desde el momento en que habitábamos en su vientre, cuando ellas todavía soñaban con tenernos a nosotros. Hemos, también, vivido sus silencios. Es por eso que muchas veces la madre no necesita decirnos nada, con una mirada basta, porque sabe de dónde venimos.
¿Quién no ha comido cuando el desamor nos había quitado el hambre tan sólo para dar el gusto a nuestra madre?

Madres, capaces de levantar a un pobre y devolverlo al mundo después de un buen plato de sopa.
Madres, que no dudan en mirarte a los ojos cuando a vos te acecha la culpa.
Madres, que te acurrucan en su nido cuando pierdes una batalla, cuando el llanto te reclama.
Madres, que saben distinguir lo bueno de lo malo y que por ello no se vanaglorian.
Madres, que sonríen infantilmente cuando aplaudes sus comidas mejores, cuando dices algo inocentemente divertido.

Madres, que se emocionan hasta las lágrimas cuando tú rompes tus propias barreras, cuando miras a la vida a los ojos y te mantienes firme y guerrero.

Friday, December 6, 2013

La voz

(2013)

Me adentro en el bosque. La luz es plateada. Hay espejos de agua. Dejo atrás más charcos. Las hojas en el suelo parecen perseguirme. Hay un camino sinuoso esfumado. Escucho el silencio de un ser humano.

Parque del Retiro. Once de la noche

(2013)

Parque del Retiro. Once de la noche. Un señor está barriendo. No se percata de mi presencia. Está ensimismado. Dos gatos se pelean junto a unos arbustos. Parecen dos gallos. Hay un silencio que emana de los árboles. El rumor de las avenidas.

Un tablero de ajedrez de tamaño humano dibujado en el suelo. Hay un pato que empieza a graznar a mis espaldas. La imagen del otoño profundo, que se abre lentamente paso hacia el invierno.

El viaje verdadero

(2013)


En definitiva, los indígenas, todos esos pueblos profundos que tildamos incorrectamente de "pueblos quedados en el tiempo", son en realidad los pueblos que atraviesan las barreras del tiempo, porque no predican la palabra del tiempo, porque viajan hacia adentro, a ese árbol interior que se levanta en nuestro desierto solitario.
Los que se quedaron en el tiempo somos en realidad nosotros, atados a los cordeles de relojes que sólo marcan la hora y que sin embargo nos hacen sentir cada día más viejos.
¿Cuántas veces habrás pensando en irte lejos? ¿Cuántas veces juraste dejarlo todo y viajar el mundo? ¿Cuántas veces al día tu mente se detiene un instante, sin tu consentimiento, para darte a conocer un resquicio de tu alma?
Hay que estar abierto, los ojos abiertos, el corazón abierto. El viaje interior es el verdadero viaje.

Voy a hablar de fútbol

(2013)

Dedicado a mi hermano Facu.

     Vivimos en un mundo de resultados. Se ha perdido le esencia del fútbol. Esa desfachatez de potrero. Es triste darse cuenta de esto. Es triste porque no sé qué está pensando la gente. Muchas veces me cuesta comprender tanto fanatismo desmesurado por la victoria.
Muchachos, no nos olvidemos de que el fútbol es un juego. Solamente eso. Un juego. Ésa es su esencia; ninguna otra. Es natural y es bella como la primavera.
Amigos, la hemos perdido. Hemos perdido la esencia del fútbol por dejarnos amedrentar por las bestias enfurecidas de la tragedia más grande: la inoperancia. Bastardos aquellos que venden dinero.
Observen un partido de fútbol, por favor. Obsérvenlo con detenimiento. ¿Adónde está el juego?
Sin embargo, de la nada nace un líder rebelde que piensa que al fútbol se lo juega de otra manera. El fútbol club Barcelona. Si existiese una flor que tuviese sus colores, se llamaría Barcelona. Y sería el emblema. Edelweiss.
Qué lindo es poder elegir. Es algo a lo que todos debemos estar agradecidos.

Yo iría a Nigeria con la camiseta de Argentina. Argentina y Nigeria. Nos hemos encontrado tantas veces estos últimos años, que siento un respeto profundo. Por su gente, por su fútbol.
No cualquier país se enfrenta a Argentina con la osadía con la que lo hace Nigeria. Nigeria no teme a nadie. Por eso me gusta. Porque se posicionan en el campo como leones enfurecidos. Nadie tiene tanta fuerza para mantener su territorio que Nigeria. Su fútbol es mágico. Es tribal. Y eso me atrae. Yo quiero ir a Nigeria para entender por qué nos estamos enfrentando tanto últimamente. Las guerras suceden cuando dos opuestos se atraen pero no saben demostrar su amor más que por el odio y el desprecio. ¿Qué hay de maligno? ¿Acaso hay algo? Uno tiene que respetarse a sí mismo. Eso sólo alcanza para que un país demuestre su orgullo propio.

Yo respeto a Nigeria. Hay otros respetos. Argentina respeta a Brasil como ningún otro país. Son viejos amigos, separados por las basuras que genera el dinero. Y Brasil respeta a Argentina porque Maradona les dio a entender que la alegría no es sólo brasilera. Que el corazón argentino siempre late con fuerza.
Brasil tiene la música. Eso no se lo roba nadie. Uno reconoce al brasilero por su manera de andar. Ese andar de murga festiva. Toda brasilera tiene música en sus pies. Ésa fue siempre su manera de conquistar al macho. Y el macho no lo dudó: soltó la magia de sus pies y comenzó a corresponderle el baile. Y así nació el fútbol.

Recuperemos el fútbol. El juego. Su magia. Vaya usted a jugar a un parque, y ponga dos remeras de arco. Busque ese fútbol. Cada vez que observe un partido de fútbol, busque las remeras. Impóngalo. No tema. Yo creo que es importante siempre regresar al barro. A los días de lluvia fina jugando al fútbol en el club del barrio.
El problema de Argentina ha sido siempre el de mirar para afuera. Todos tenemos manías. Estados Unidos padece la manía farmacéutica de la guerra. Argentina tiene que mirar para adentro. Redescubrir sus valores. Volver al barro. El fútbol sintió ese golpe de valores: perdimos la identidad.
El mercado es gigante, estamos de acuerdo. Pero pensemos lo siguiente. Permítanme argumentarme.
Argentina tiene el carácter suficiente como para imponerse. Pero no se impone a sí mismo. Argentina es desfachatada, por eso gusta tanto.
Podríamos hablar de las cosas que Argentina podría hacer o no hacer. Primero miremos para adentro. Observémonos. Analicémonos. Aprendamos a sanar nuestras propias heridas. Aprendamos a dejar el ego de lado. Aprendamos a querernos sin compadecernos de nosotros mismos.
River Plate se ha convertido en pocos años en el símbolo de la autodestrucción. Eso es lo que sucede cuando hay un líder sin tacto. Abra usted el periódico. Hable con los hinchas de River Plate. Están sufriendo. Están sufriendo mucho. Y eso sucedió porque un hombre inepto, un hijo de puta, destruyó a River Plate. Qué ilusos que fuimos: nos conformábamos ganando campeonatos injustos. Así de bajo caímos.
Pero River Plate no solamente sufre a través de sus hinchas. Sufre su identidad de juego. La perdió. Es muy triste. Y es de aquí mismo desde donde sufre la selección argentina. El juego de la selección era el reflejo del juego de River.
Es revelador ver dónde River perdió su identidad: en las inferiores. Qué pasó ahí. Dónde están esos jugadores formados en una de las instituciones futbolísticas más importantes del mundo: el Club Atlético River Plate. No están. El último jugador importante fue Lamela. Pero tuvo la mala suerte de desarrollarse en la peor crisis de identidad futbolística de todos los tiempos.
Mirando hacia atrás, creo que el cambio comenzó cuando Víctor Zapata dejó River. Jugó en Vélez. Y ahora recaló en Unión de Santa Fe. El club cuenta ahora con un excelente refuerzo.
A Víctor Zapata no se lo quiso. Son esas cosas del fútbol. Hay jugadores para todos los gustos. Lo más extraño de este caso, es que Víctor Zapata  no hizo nada. Simplemente fue un perjudicado de las fiebres que quebrarían en River Plate su identidad.
Cómo se recupera un Club de este tipo de cosas. Son marcas muy fuertes. Todavía no sabemos si los ángeles que manejan las cuerdas de River tendrán la fuerza suficiente para transformar para siempre su identidad. Todo o nada.
Estos son años aciagos. River ya los sufrió: dieciocho años sin títulos. Todos los clubes se resfrían de vez en cuando.

Espero, con honestidad, que el Club Atlético River Plate se encamine hacia la transformación. No hay nada mejor para curar las heridas.