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Showing posts from March, 2013

Un baúl debajo de mi cama

(2013)
Debajo de mi cama hay un baúl lleno de cosas. Lo descubrí hoy, mientras ordenaba un poco la casa. Mi compañera me había dicho que la dueña del apartamento guardaba cosas ahí, pero nunca tuve la curiosidad de fisgonear hasta hace un mes. Por diferentes razones que no me detendré a enumerar, no lo hice hasta hoy. Para darles una idea más precisa de donde dormimos, alcanza con decir que el colchón descansa sobre un gran cajón de madera que hace de cama. A simple vista, no es más que eso: una cama. No obstante, sin el colchón la cama es una gran caja con cuatro tapas que dan acceso a los objetos guardados dentro. Entre los objetos descubiertos encontré una lámpara de pie, una cortina gruesa de horrible estilo, un aparato de música y varios libros interesantes, entre los cuales había cuatro ejemplares en francés de novelas de Agatha Christie y uno que cogí sin titubear: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. La verdad es que este suceso me sorprendió más de lo imaginado. No es …

Una fotografía con Amelia Earhart

(2013)

Cuántas veces habré visto esta imagen. Cuántas veces me habré ido a dormir con esta imagen en mi mente como una nube que simplemente no pasa. Cuántas veces habré analizado esta fotografía. Cuántas veces habré reparado en la fuerza que esta imagen representa. Cómo explicar la firmeza que existe dentro de una aparente debilidad. Sino, mírenla con detenimiento. Ahí está ella, Amelia Earhart, posando delante de su avión. Amelia Earhart, la mujer, la aviadora, con esa pose delicada: observen su pierna derecha apenas flexionada, los brazos largos, los hombros relajados; la pulsera en su mano derecha. Observen cómo el pañuelo acomodado alrededor de su cuello la distingue por su género. Miren la alegría de su sonrisa infantil y profunda. En esa postura suya yo encuentro cierta debilidad, mejor dicho delicadeza, que contrasta con la potencia y virilidad que impone la máquina que se yergue detrás de ella, ese avión que ella comandaría durante vaya a saber cuántas horas, dueña de su volant…