Saturday, December 28, 2013

Mujer, compañera, amiga

(2013)

Si el beso fuese un flagelo
El mundo perdería su gloria


Una mujer, tu compañera de los días y de las estaciones, es aquella que te banca todas.
Una mujer es el calor de las noches más frías, la fuente de tus lágrimas perdidas.
Una mujer es una patria salvaje, un desierto bajo la tormenta más hermosa.
Una mujer es un fuego pasional, un laberinto de sensaciones de lo más disparatadas y diversas.
Una mujer, una compañera y una amiga te pone los puntos y sin embargo te apoya cuando siente, cuando presiente que en tu interior comienzan a vibrar otro tipo de cuerdas, más dulces, más trepidantes, más decadentes.
Una mujer, una compañera, una amiga cambia sus horarios por vos. Te dice te quiero en la oscuridad y se duerme al instante;
aquélla que puede tocarte adentro, hasta las lágrimas, y hacerte acurrucar a su lado.
Una mujer, una compañera, una amiga, te mira primero a los ojos; te hace emocionar con sus emociones.
Una mujer, una compañera  y una amiga es siempre un faro en la tormenta. Es una ancla, sus misterios.

Una mujer así te acaricia, juega con vos cuando estás triste.
Una mujer así se acerca con los pasos medidos, besa tu boca y la endulza.

Una mujer, una compañera y una amiga es aquélla que sabe que ella es también un territorio.
Una mujer, una compañera y una amiga es aquélla que te deja la comida hecha para tus días interminables;
aquélla que te prepara para hablar dejándote una nota en la mesa de la cocina;
aquélla que te golpea suavemente el brazo cuando te estás pasando de rosca;
aquélla que se ocupa de tus desvaríos y vaguedades;
aquélla capaz de prepararte el plato que más te gusta simplemente para celebrar el haberse conocido;
aquélla que se acurruca en tu regazo y ronronea como un gatito triste para pedirte perdón;
aquélla que se preocupa si volvés sólo y oxidado;
aquélla que te defiende sin aspavientos;
aquélla que te dice buenas noches incluso cuando está enojada.


PD: Es lindo verte crecer, como un arbolito perfumado. Renacer a cada instante, medir tus sensaciones.



Madres

(2013)

Las Madres de la Plaza de Mayo nos mostraron el camino que el mundo debía seguir a base de pasos y de lucha. No seré hipócrita para decirles que entiendo su lucha. Sólo una madre sabe lo que significa perder a un hijo. Pero las acompaño y las apoyo con la humildad que me confiere ser hijo.

Tengo la suerte de saber qué es una madre, de qué está hecha: capaz de salir bajo cualquier diluvio por un pedazo de pan y un puñado de trigo. Mi madre, con su corazón lleno de flores y su mano de piedra.

Las madres son la luz que alumbra el camino. Y si el camino está sucio y no les gusta, ellas ponen un mantel y te piden que las ayudes a plantar un arbolito.

Una madre es el aliento primitivo. Todos hemos respirado en su vientre, no lo olvides.
Ellas habrán escuchado nuestras primeras palabras, pero nosotros, sus hijos, hemos escuchado las suyas desde el momento en que habitábamos en su vientre, cuando ellas todavía soñaban con tenernos a nosotros. Hemos, también, vivido sus silencios. Es por eso que muchas veces la madre no necesita decirnos nada, con una mirada basta, porque sabe de dónde venimos.
¿Quién no ha comido cuando el desamor nos había quitado el hambre tan sólo para dar el gusto a nuestra madre?

Madres, capaces de levantar a un pobre y devolverlo al mundo después de un buen plato de sopa.
Madres, que no dudan en mirarte a los ojos cuando a vos te acecha la culpa.
Madres, que te acurrucan en su nido cuando pierdes una batalla, cuando el llanto te reclama.
Madres, que saben distinguir lo bueno de lo malo y que por ello no se vanaglorian.
Madres, que sonríen infantilmente cuando aplaudes sus comidas mejores, cuando dices algo inocentemente divertido.

Madres, que se emocionan hasta las lágrimas cuando tú rompes tus propias barreras, cuando miras a la vida a los ojos y te mantienes firme y guerrero.

Friday, December 6, 2013

La voz

(2013)

Me adentro en el bosque. La luz es plateada. Hay espejos de agua. Dejo atrás más charcos. Las hojas en el suelo parecen perseguirme. Hay un camino sinuoso esfumado. Escucho el silencio de un ser humano.

Parque del Retiro. Once de la noche

(2013)

Parque del Retiro. Once de la noche. Un señor está barriendo. No se percata de mi presencia. Está ensimismado. Dos gatos se pelean junto a unos arbustos. Parecen dos gallos. Hay un silencio que emana de los árboles. El rumor de las avenidas.

Un tablero de ajedrez de tamaño humano dibujado en el suelo. Hay un pato que empieza a graznar a mis espaldas. La imagen del otoño profundo, que se abre lentamente paso hacia el invierno.

El viaje verdadero

(2013)


En definitiva, los indígenas, todos esos pueblos profundos que tildamos incorrectamente de "pueblos quedados en el tiempo", son en realidad los pueblos que atraviesan las barreras del tiempo, porque no predican la palabra del tiempo, porque viajan hacia adentro, a ese árbol interior que se levanta en nuestro desierto solitario.
Los que se quedaron en el tiempo somos en realidad nosotros, atados a los cordeles de relojes que sólo marcan la hora y que sin embargo nos hacen sentir cada día más viejos.
¿Cuántas veces habrás pensando en irte lejos? ¿Cuántas veces juraste dejarlo todo y viajar el mundo? ¿Cuántas veces al día tu mente se detiene un instante, sin tu consentimiento, para darte a conocer un resquicio de tu alma?
Hay que estar abierto, los ojos abiertos, el corazón abierto. El viaje interior es el verdadero viaje.

Voy a hablar de fútbol

(2013)

Dedicado a mi hermano Facu.

     Vivimos en un mundo de resultados. Se ha perdido le esencia del fútbol. Esa desfachatez de potrero. Es triste darse cuenta de esto. Es triste porque no sé qué está pensando la gente. Muchas veces me cuesta comprender tanto fanatismo desmesurado por la victoria.
Muchachos, no nos olvidemos de que el fútbol es un juego. Solamente eso. Un juego. Ésa es su esencia; ninguna otra. Es natural y es bella como la primavera.
Amigos, la hemos perdido. Hemos perdido la esencia del fútbol por dejarnos amedrentar por las bestias enfurecidas de la tragedia más grande: la inoperancia. Bastardos aquellos que venden dinero.
Observen un partido de fútbol, por favor. Obsérvenlo con detenimiento. ¿Adónde está el juego?
Sin embargo, de la nada nace un líder rebelde que piensa que al fútbol se lo juega de otra manera. El fútbol club Barcelona. Si existiese una flor que tuviese sus colores, se llamaría Barcelona. Y sería el emblema. Edelweiss.
Qué lindo es poder elegir. Es algo a lo que todos debemos estar agradecidos.

Yo iría a Nigeria con la camiseta de Argentina. Argentina y Nigeria. Nos hemos encontrado tantas veces estos últimos años, que siento un respeto profundo. Por su gente, por su fútbol.
No cualquier país se enfrenta a Argentina con la osadía con la que lo hace Nigeria. Nigeria no teme a nadie. Por eso me gusta. Porque se posicionan en el campo como leones enfurecidos. Nadie tiene tanta fuerza para mantener su territorio que Nigeria. Su fútbol es mágico. Es tribal. Y eso me atrae. Yo quiero ir a Nigeria para entender por qué nos estamos enfrentando tanto últimamente. Las guerras suceden cuando dos opuestos se atraen pero no saben demostrar su amor más que por el odio y el desprecio. ¿Qué hay de maligno? ¿Acaso hay algo? Uno tiene que respetarse a sí mismo. Eso sólo alcanza para que un país demuestre su orgullo propio.

Yo respeto a Nigeria. Hay otros respetos. Argentina respeta a Brasil como ningún otro país. Son viejos amigos, separados por las basuras que genera el dinero. Y Brasil respeta a Argentina porque Maradona les dio a entender que la alegría no es sólo brasilera. Que el corazón argentino siempre late con fuerza.
Brasil tiene la música. Eso no se lo roba nadie. Uno reconoce al brasilero por su manera de andar. Ese andar de murga festiva. Toda brasilera tiene música en sus pies. Ésa fue siempre su manera de conquistar al macho. Y el macho no lo dudó: soltó la magia de sus pies y comenzó a corresponderle el baile. Y así nació el fútbol.

Recuperemos el fútbol. El juego. Su magia. Vaya usted a jugar a un parque, y ponga dos remeras de arco. Busque ese fútbol. Cada vez que observe un partido de fútbol, busque las remeras. Impóngalo. No tema. Yo creo que es importante siempre regresar al barro. A los días de lluvia fina jugando al fútbol en el club del barrio.
El problema de Argentina ha sido siempre el de mirar para afuera. Todos tenemos manías. Estados Unidos padece la manía farmacéutica de la guerra. Argentina tiene que mirar para adentro. Redescubrir sus valores. Volver al barro. El fútbol sintió ese golpe de valores: perdimos la identidad.
El mercado es gigante, estamos de acuerdo. Pero pensemos lo siguiente. Permítanme argumentarme.
Argentina tiene el carácter suficiente como para imponerse. Pero no se impone a sí mismo. Argentina es desfachatada, por eso gusta tanto.
Podríamos hablar de las cosas que Argentina podría hacer o no hacer. Primero miremos para adentro. Observémonos. Analicémonos. Aprendamos a sanar nuestras propias heridas. Aprendamos a dejar el ego de lado. Aprendamos a querernos sin compadecernos de nosotros mismos.
River Plate se ha convertido en pocos años en el símbolo de la autodestrucción. Eso es lo que sucede cuando hay un líder sin tacto. Abra usted el periódico. Hable con los hinchas de River Plate. Están sufriendo. Están sufriendo mucho. Y eso sucedió porque un hombre inepto, un hijo de puta, destruyó a River Plate. Qué ilusos que fuimos: nos conformábamos ganando campeonatos injustos. Así de bajo caímos.
Pero River Plate no solamente sufre a través de sus hinchas. Sufre su identidad de juego. La perdió. Es muy triste. Y es de aquí mismo desde donde sufre la selección argentina. El juego de la selección era el reflejo del juego de River.
Es revelador ver dónde River perdió su identidad: en las inferiores. Qué pasó ahí. Dónde están esos jugadores formados en una de las instituciones futbolísticas más importantes del mundo: el Club Atlético River Plate. No están. El último jugador importante fue Lamela. Pero tuvo la mala suerte de desarrollarse en la peor crisis de identidad futbolística de todos los tiempos.
Mirando hacia atrás, creo que el cambio comenzó cuando Víctor Zapata dejó River. Jugó en Vélez. Y ahora recaló en Unión de Santa Fe. El club cuenta ahora con un excelente refuerzo.
A Víctor Zapata no se lo quiso. Son esas cosas del fútbol. Hay jugadores para todos los gustos. Lo más extraño de este caso, es que Víctor Zapata  no hizo nada. Simplemente fue un perjudicado de las fiebres que quebrarían en River Plate su identidad.
Cómo se recupera un Club de este tipo de cosas. Son marcas muy fuertes. Todavía no sabemos si los ángeles que manejan las cuerdas de River tendrán la fuerza suficiente para transformar para siempre su identidad. Todo o nada.
Estos son años aciagos. River ya los sufrió: dieciocho años sin títulos. Todos los clubes se resfrían de vez en cuando.

Espero, con honestidad, que el Club Atlético River Plate se encamine hacia la transformación. No hay nada mejor para curar las heridas.

Thursday, November 7, 2013

Un corazón que late

(2013)


Yo tengo un corazón que late
Un corazón que brilla bajo una sombra
Un corazón que siempre muda su forma
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Un latido que amplía su ritmo
Un ritmo que se encumbra en un mito
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Un mar que se alza entre los cerros
Cordilleras que desnudan a los mares
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Un tacto para cada estación
Un nervio que deforma los gritos
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Una vida que se asienta en las llanuras
Una vida que asciende como el polvo
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Un brillo que alumbra mis sentidos
Sentidos que deslumbran por su fuerza
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Un corazón que bebe y escupe sangre
Un corazón que nunca cierra sus cauces
Yo tengo un corazón que late

Yo tengo un corazón que late
Aromas fríos que se guarecen en mi tripa
Soledades abruptas como un acantilado
Yo tengo un corazón que late

Sí, yo tengo un corazón que late
Que late intrépido como una bestia apache
Que late incluso hasta en la muerte
Yo tengo un corazón que late

Tuesday, August 27, 2013

Carta abierta a Matías De Brasi

(2013)

Martes, 27 de Agosto de 2013

Nota de lectura. Esto que vas a leer es un poema en forma de carta para Matías de Brasi. No obstante, quiero dedicarlo a Andrés Pete Ferreyra Erades, Damián El Negro Brítez y Juan Martín Poty Leal. Ellos también forman parte de este sentimiento. Así también como Hugo, el Pelado, Pablo Ortega, ese amigo cuya amistad nació en Filipinas. Jésica y Nico. Es mucho para nombrar a todos aquellos a los que estimo. Entonces. A todos ustedes.

Carta abierta a Matías El Topo De Brasi:

Amigo del alma y de los tiempos. Te escribo con un amor voraz que quiero compartir con una persona que conozco desde que tengo memoria. Cuántas personas conocés fuera de tu seno familiar que puedas decir lo mismo. Lo nuestro es un encuentro que supera las estaciones. Un encuentro entre el tiempo y el espacio, porque vos y yo somos dos almas volátiles que viven a destiempo. No, mejor dicho, viven a través del tiempo. Yo te guardo un respeto enorme. Siento que muy adentro tuyo existe un ser que infiere en las personas. Un ser que abraza lo cotidiano. Que lo abraza y el cual le inspira. En tus manos, las telas son vestidos de musas hermosas. La gloria de sentir el óleo correr desde tu cuerpo. El óleo. Tu sangre. Y de tu sangre al pincel. ¿Qué es un color?

Brazos de diferentes colores. Tu piel negra; la mía, blanca. Yin y yan. Y Lionel Messi haciéndole un gol a Batistuta. (Qué habrá sido de ese otro romántico, Gabriel Batistuta, ídolo de los '90 pero más burro que una mariposa buscando la eternidad en una colmena de abejas negras.)

Esto que estoy escribiendo tiene un tinte romántico. Me siento como un buque en altamar. Ustedes pueden verlo, lo entienden, porque está a la vista. A mí me agradan las cosas simples. Y sin embargo existe un trecho de pura belleza por el cual se filtran flores de nostalgia y ambrosía.

En el barro pervive nuestra gente querida. Pero dónde están esos espíritus eternos que acompañan nuestras vidas hasta que se nos vaya el respiro. Cuántas palabras sin cuerpo en el campo turbulento de tu esperanza, mientras los tambores al viento alcanzan el sonido de lo más profundo. Pero sin el agua no, amigos. No sin el agua, oh, mástil de palabrería.

Dos cosas más.

La primera, que me parece muy importante, es preguntarte por el paradero de Juan Carlos Balvanera. Nuestro viejo amigo en el templo de la noche. Hace mucho que no sé de él. Pero anoche soñé con búhos. Recuerdo que había parado indefinidamente. Me parece, no sé, esto es lo que siento incluso estando tan lejos. Pero me parece que ya es hora de que Juan Carlos levante el culo del sillón y nos haga estremecer con algún verso. Por favor mantenéme al tanto de la noticias de su paradero. Presiento que puede estar en estos momentos por Saturno. Delta alfa lima eco (DALE). Muchas gracias, Matu.

Nota: Tu sobrenombre es algo rústico, su textura es como la madera. Matu. Tiene el sonido de un árbol. Matu. El nombre de una aldea africana. Kaya, oh, kaya.

La segunda cosa, que no recuerdo pero me la voy a inventar porque no puedo dejar de pasar el momento, es la siguiente. Y acá te vas a dar cuenta del paradero de mi propia mente en estos momentos. Agarro un lápiz de color rojo. Lo observo. Después de unos minutos empiezo a descubrir detalles en su textura. Te lo recomiendo para tu salud mental. Viste que es importante darle algunos deberes.

Me estoy riendo. Mientras escribo me estoy riendo. Ya sabés ahora el paradero de mi mente. Una última cosa que quiero compartir es la siguiente. No puedo contener la risa. Qué bárbaro.

Qué es lo que nos hace realmente felices. Qué es eso que nos baña cada día. Porque mientras vivimos, mientras intentamos sobrevivir en la ciénaga dorada de la vida, encuentro un bosque perfumado de alegría. Es la música. El violín que tañe el viento de los sonidos. Es el aire, el aire que me habita incansablemente. Y lo respiro. Alargo un brazo y alcanzo por un instante el objeto de mi deseo. ¿Acaso bastan los instantes? ¿Quién dijo que el amor es de hojalata?

(Ya no me estoy riendo.)

La brújula del cuore camina por los techos de casas derruidas. Sobre los cimientos de una gran mentira de flores amargas. Basta de ignorancia. Basta de pelearnos por un ideal que no calma nuestra mente. Basta de razones de sobra. Basta de pelearnos por soldaditos de papel. Los brazos apretados como un loco en un río. ¿Es sonora la distancia? Basta de mentes cerradas por las arcadas del dinero. Es brutal vivir una vida que se mide por la plata. Brutal andar fanfarroneando que el mundo es de plástico. Gallinas y bosteros, leprosos y canallas. Todos los domingos apretados en un campo representado por un juego de pequeños. Oh, dame ese néctar que habita en el anonimato. Seamos felices con lo que somos, no con lo que tenemos. De que sirve andar midiéndose el pescuezo. Ya es hora de cambiar un poco. Los dientes apretados en muecas de ignorancia no valen nada.

Paro acá. Me voy a caminar por Madrid. Madrid es como una princesa perdida en un bosque. Es dulce. Es habitable. La gente vive la suya. Hay una mente más abierta que en Argentina en algunos aspectos. Pero he observado en estos años, que los argentinos están hechos de fantasía. Viene de fábrica. La mente argentina es una de las más volátiles, ergo, creadoras. La creación argentina es permanente. En Europa se es más conservador en algunas cosas. Pero que no te intenten engañar. Europa es egoísta. Europa es angurrienta. Es un zorro imposible de domesticar. Un léon de acero. Un ciego en el espacio.

La guitarra es una gran compañera. Compuse muchas canciones en estos años. El proceso de creación es intersantísimo. Funciona de formas distintas. Sombras y recuerdos de luces apagadas, vos me entendés. Cuando nos veamos hacemos una cena de amigos y tocamos unos temas. Eso me gustaría mucho. Tengo ganas de cantar.

Las palomas de la amistad te alcanzarán mi abrazo fuerte, amigo. Otro más para Daniela, manos de vitraux.

Lo que me hizo pensar… Matías y Daniela. Dan con la historia ustedes dos. Matías y Daniela es el nombre de mi siguiente poesía.

Y espero que estés bien y en paz.

Nacho

PD1: Esta canción de Bomba Estéreo es la encarnación de lo posible. Escuchála con tranquilidad. Puede hacer vibrar las cuerdas de tu corazón.

PD2: Perdón si encontrás errores ortográficos. No me gusta cometerlos. Lucho continuamente contra la pérdida de las palabras. Perder las palabras. Que duro sería eso. Este es mi reencuentro con las palabras después de un tiempo. Imaginá perder los óleos y que no haya colores en la vida. Hay que buscar en el cielo las respuestas a nuestras preguntas. Es la vía más simple para poder vivir en paz. El sistema es un barón despiadado que desayuna locura. Hay que dejarse de joder y amar a las personas con libertad. Abrir las puertas del viento y callar. Vivir sin caer en los acantilados del dolor. Vivamos, carajo.

PD3: Ya es casi de noche acá. El tiempo de la magia.

Mirá esto: http://www.youtube.com/watch?v=u6h_kHYHBaQ

Sunday, August 25, 2013

Añoranza filipina

(2013)

Añoro los tiempos de Filipinas. Me pasa de vez en cuando. La nostalgia viene como una lluvia fina que me golpea los ojos y me despierta a otros tiempos. Es raro y al mismo tiempo tan real sentir, de pronto, que cuando camino por estas angostas calles europeas me encuentro de pronto en el calor de Cebú, tan abstraído y melancólico y al mismo tiempo con una felicidad hermosa aunque en Madrid haga frío y nieve.
Me sucede que a medida que me hago más grande (si es que esto realmente sucede), o tal vez sería mejor decir que a medida que pasan los años, encuentro más razones para justificarme en cuanto a propias acciones incorrectas, pero por otra parte tengo menos razones cuando se trata de sentimientos. Hoy, por citar un ejemplo, extraño Filipinas. No sé cómo funcionan los mecanismos del hombre, por qué de pronto siente algo y lo define al instante como “extrañar”. Podría decir “extraño a la gente, el aire del lugar, la comida, las soledades”, pero no sé si realmente algunas de esas cosas justifican o le dan significado a mis sentimientos hacia el país en el que viví tres bellos años de mi vida.
Recordar a Filipinas, especialmente a Cebú, que es, en rigor, el lugar de Filipinas donde viví, me produce sensaciones de una belleza incomprensible.
Esta añoranza que ahora escribo comenzó cuando un compañero de trabajo aquí en Madrid me preguntó de qué estaba hecho mi collar. Al responderle que no estaba seguro, le aclaré que lo había comprado en Filipinas. A los dos minutos, me descubrí contándole que Lapu-Lapu había sido y sigue siendo el héroe filipino que mató a Magallanes con su espada precaria y cuya estatua se levanta en un paraje pequeño y poco concurrido en la isla de Mactan, en Cebú.
Muchas veces, mis deseos de volver a Cebú aumentan de tal forma que siento que dejaría todo lo que tengo para ir hacia allí sin más equipaje que mis ganas. Con el tiempo, uno aprende a moverse por la vida con cautela, los miedos comienzan a poblar nuestras mentes como nubes en una tormenta y el silencio forma parte de nuestro carácter con otra intensidad.
Vivimos, y cada acto corrompe y embrutece, amplía horizontes y ensordece. Dónde queda Filipinas. Adónde está. No sólo geográficamente hablando. Sino dónde está, en qué esfera de mi mente, en qué lugar socarrón y perpetuo reside el país en el que viví durante casi tres años. Eso me pregunto. ¿En mi memoria? Quizás.

El tiempo pasa y dictamina. Nos dice qué está bien y qué está mal. Hacemos y deshacemos con la justicia en las manos, pero con qué justicia real vivimos, no lo sé. Lo más importante en la vida es definir aquello que queremos vivir e intentar llevarlo a cabo. Ese fue mi primer paso en Cebú, ese paso que recuerdo cada vez que la nostalgia golpea mis ojos con su lluvia fina de otros tiempos.

Miren un poco de este video: http://www.youtube.com/watch?v=nYp-XKEGKgE

Friday, March 29, 2013

Un baúl debajo de mi cama


(2013)

Debajo de mi cama hay un baúl lleno de cosas. Lo descubrí hoy, mientras ordenaba un poco la casa. Mi compañera me había dicho que la dueña del apartamento guardaba cosas ahí, pero nunca tuve la curiosidad de fisgonear hasta hace un mes. Por diferentes razones que no me detendré a enumerar, no lo hice hasta hoy.
Para darles una idea más precisa de donde dormimos, alcanza con decir que el colchón descansa sobre un gran cajón de madera que hace de cama. A simple vista, no es más que eso: una cama. No obstante, sin el colchón la cama es una gran caja con cuatro tapas que dan acceso a los objetos guardados dentro.
Entre los objetos descubiertos encontré una lámpara de pie, una cortina gruesa de horrible estilo, un aparato de música y varios libros interesantes, entre los cuales había cuatro ejemplares en francés de novelas de Agatha Christie y uno que cogí sin titubear: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe.
La verdad es que este suceso me sorprendió más de lo imaginado. No es tanto cuestión de lo que encontré, sino el hecho en sí de descubrir que debajo de mi cama hay un espacio de almacenaje de cosas que pertenecieron a alguien que vivió en esta casa antes que nosotros, que leyó esos libros bajo esa lámpara de pie desarmada, que ocultó el sol del verano con esa cortina gruesa que huele a humedad y tabaco, que escuchó discos interminables en ese viejo aparto de música.
Imagínese usted que se muda a una casa y después de un año descubre, por ejemplo, que hay un azulejo en el baño que puede quitarse y donde un niño alguna vez guardó una cajita con figuritas o soldaditos de plomo al mejor estilo Amelie, que usted lo abre y todo parece salido de un film fantástico. A eso es a lo que me refiero. Al hecho de que uno no sabe dónde vive, que cree saberlo pero no lo sabe, que la vida nos sorprende con cosas curiosísimas, que no hay que viajar a Katmandú para asombrarse: con una simple observación del día a día basta.

Thursday, March 7, 2013

Una fotografía con Amelia Earhart



(2013)

Cuántas veces habré visto esta imagen. Cuántas veces me habré ido a dormir con esta imagen en mi mente como una nube que simplemente no pasa. Cuántas veces habré analizado esta fotografía. Cuántas veces habré reparado en la fuerza que esta imagen representa. Cómo explicar la firmeza que existe dentro de una aparente debilidad. Sino, mírenla con detenimiento. Ahí está ella, Amelia Earhart, posando delante de su avión. Amelia Earhart, la mujer, la aviadora, con esa pose delicada: observen su pierna derecha apenas flexionada, los brazos largos, los hombros relajados; la pulsera en su mano derecha. Observen cómo el pañuelo acomodado alrededor de su cuello la distingue por su género. Miren la alegría de su sonrisa infantil y profunda. En esa postura suya yo encuentro cierta debilidad, mejor dicho delicadeza, que contrasta con la potencia y virilidad que impone la máquina que se yergue detrás de ella, ese avión que ella comandaría durante vaya a saber cuántas horas, dueña de su volante, de sus alas inmóviles, de toda esa carrocería de acero. Y ahí también encuentro la distorsión de esta imagen, y comprendo, otra vez porque siempre tiendo a olvidarlo, que las fotografías son apariencias, meras voces que sólo hablan en la memoria. Porque ahí está ella, Amelia Earhart, la dama del aire, con esa aparente debilidad delicadeza que denota su pierna apenas flexionada, en sus brazos relajados, en su sonrisa profunda e infantil. Aparente debilidad porque en el fondo quizás ya todos lo sepan y yo sólo lo comprenda ahora esa apariencia es sólo un rasgo de su género, de su carácter femenino el pañuelo, el cabello, su postura, y lo que realmente he omitido fue la fuerza de su intrínseca voluntad, la potencia con la que su sueño de habitar los aires de ser aviadora alcanzó la superficie y le permitió llegar a ser lo que fue. Porque esa mujer es sólo aparentemente delicada en contraste con el avión que se alza detrás, porque es ella y su espíritu aventurero quien subió a ese avión, se puso el overol, se ajustó el casco y las gafas enormes de aviador y navegó los aires con la fe invulnerable de los valientes. Ahí está ella, Amelia Earhart, la dama del aire, dueña de sí misma en esta imagen que me apasiona mirar y que admiro. Y me pregunto cuántas veces seguiré mirando esta imagen, admirándola, descubriéndola.