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El viaje verdadero

(2013)


En definitiva, los indígenas, todos esos pueblos profundos que tildamos incorrectamente de "pueblos quedados en el tiempo", son en realidad los pueblos que atraviesan las barreras del tiempo, porque no predican la palabra del tiempo, porque viajan hacia adentro, a ese árbol interior que se levanta en nuestro desierto solitario.
Los que se quedaron en el tiempo somos en realidad nosotros, atados a los cordeles de relojes que sólo marcan la hora y que sin embargo nos hacen sentir cada día más viejos.
¿Cuántas veces habrás pensando en irte lejos? ¿Cuántas veces juraste dejarlo todo y viajar el mundo? ¿Cuántas veces al día tu mente se detiene un instante, sin tu consentimiento, para darte a conocer un resquicio de tu alma?
Hay que estar abierto, los ojos abiertos, el corazón abierto. El viaje interior es el verdadero viaje.

Comments

  1. El viaje interior es el verdadero viaje, pero el que más postergamos. Temerosos viajeros, no nos animamos a encontrar fragmentos de paisajes que fuimos. Y sospechamos de esos que podemos construír.
    (Tiempos de deshacerlo todo y recomenzar)

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¿Adónde me lleva la vida?

(2016)
Me detengo. Me siento.
Tengo la sensación de tener la cabeza en muchas partes y en ninguna a la vez. Como los fragmentos de una imagen esparcidos en un lago quieto.
El tiempo se mueve al ritmo de las manecillas del reloj. Un reloj detenido es la prueba brutal de que el tiempo sigue su curso, de que tanto tiempo como espacio están en constante movimiento.
Cada día comprendo que nadie es perfecto, que la suerte ya está echada. Y que, sin embargo, todo puede cambiar.
Es la vida la que nos mata, no la muerte. Y a ella nos aferramos.

Me pongo de pie. Empiezo a andar. ¿Adónde me lleva la vida?

El pianista

(2011)

Me lo puedo imaginar. Al principio un poco tenso. No es fácil convivir con la idea de que afuera hay un público, de que el teatro está lleno. A medida que pasan los segundos, mientras se acerca al piano, se siente más relajado, más concentrado. Cuando le llegan los aplausos en oleadas casi ineludibles (al menos para él), su paso indica el andar seguro de los que saben lo que hacen.

El pianista acerca la silla al piano, se sienta. Levanta, con sensualidad trascendente, la tapa del piano, y descansa sus manos en las rodillas. Parpadea con lentitud. Parece pensar, pero en realidad está observando el piano. No obstante, ya sabemos que un pianista no es trivial y que lo que en rigor observa es la imagen de sí mismo sentado frente a ese piano. Se observa a sí mismo porque está buscando en su interior lo que todo pianista busca: el movimiento. Ese momento indicado en el que comprenderá que lo único que falta en su vida está en las teclas de ese piano. Por su cabeza pasan blancas y corch…