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Madres

(2013)

Las Madres de la Plaza de Mayo nos mostraron el camino que el mundo debía seguir a base de pasos y de lucha. No seré hipócrita para decirles que entiendo su lucha. Sólo una madre sabe lo que significa perder a un hijo. Pero las acompaño y las apoyo con la humildad que me confiere ser hijo.

Tengo la suerte de saber qué es una madre, de qué está hecha: capaz de salir bajo cualquier diluvio por un pedazo de pan y un puñado de trigo. Mi madre, con su corazón lleno de flores y su mano de piedra.

Las madres son la luz que alumbra el camino. Y si el camino está sucio y no les gusta, ellas ponen un mantel y te piden que las ayudes a plantar un arbolito.

Una madre es el aliento primitivo. Todos hemos respirado en su vientre, no lo olvides.
Ellas habrán escuchado nuestras primeras palabras, pero nosotros, sus hijos, hemos escuchado las suyas desde el momento en que habitábamos en su vientre, cuando ellas todavía soñaban con tenernos a nosotros. Hemos, también, vivido sus silencios. Es por eso que muchas veces la madre no necesita decirnos nada, con una mirada basta, porque sabe de dónde venimos.
¿Quién no ha comido cuando el desamor nos había quitado el hambre tan sólo para dar el gusto a nuestra madre?

Madres, capaces de levantar a un pobre y devolverlo al mundo después de un buen plato de sopa.
Madres, que no dudan en mirarte a los ojos cuando a vos te acecha la culpa.
Madres, que te acurrucan en su nido cuando pierdes una batalla, cuando el llanto te reclama.
Madres, que saben distinguir lo bueno de lo malo y que por ello no se vanaglorian.
Madres, que sonríen infantilmente cuando aplaudes sus comidas mejores, cuando dices algo inocentemente divertido.

Madres, que se emocionan hasta las lágrimas cuando tú rompes tus propias barreras, cuando miras a la vida a los ojos y te mantienes firme y guerrero.

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¿Adónde me lleva la vida?

(2016)
Me detengo. Me siento.
Tengo la sensación de tener la cabeza en muchas partes y en ninguna a la vez. Como los fragmentos de una imagen esparcidos en un lago quieto.
El tiempo se mueve al ritmo de las manecillas del reloj. Un reloj detenido es la prueba brutal de que el tiempo sigue su curso, de que tanto tiempo como espacio están en constante movimiento.
Cada día comprendo que nadie es perfecto, que la suerte ya está echada. Y que, sin embargo, todo puede cambiar.
Es la vida la que nos mata, no la muerte. Y a ella nos aferramos.

Me pongo de pie. Empiezo a andar. ¿Adónde me lleva la vida?

El pianista

(2011)

Me lo puedo imaginar. Al principio un poco tenso. No es fácil convivir con la idea de que afuera hay un público, de que el teatro está lleno. A medida que pasan los segundos, mientras se acerca al piano, se siente más relajado, más concentrado. Cuando le llegan los aplausos en oleadas casi ineludibles (al menos para él), su paso indica el andar seguro de los que saben lo que hacen.

El pianista acerca la silla al piano, se sienta. Levanta, con sensualidad trascendente, la tapa del piano, y descansa sus manos en las rodillas. Parpadea con lentitud. Parece pensar, pero en realidad está observando el piano. No obstante, ya sabemos que un pianista no es trivial y que lo que en rigor observa es la imagen de sí mismo sentado frente a ese piano. Se observa a sí mismo porque está buscando en su interior lo que todo pianista busca: el movimiento. Ese momento indicado en el que comprenderá que lo único que falta en su vida está en las teclas de ese piano. Por su cabeza pasan blancas y corch…