Sunday, August 25, 2013

Añoranza filipina

(2013)

Añoro los tiempos de Filipinas. Me pasa de vez en cuando. La nostalgia viene como una lluvia fina que me golpea los ojos y me despierta a otros tiempos. Es raro y al mismo tiempo tan real sentir, de pronto, que cuando camino por estas angostas calles europeas me encuentro de pronto en el calor de Cebú, tan abstraído y melancólico y al mismo tiempo con una felicidad hermosa aunque en Madrid haga frío y nieve.
Me sucede que a medida que me hago más grande (si es que esto realmente sucede), o tal vez sería mejor decir que a medida que pasan los años, encuentro más razones para justificarme en cuanto a propias acciones incorrectas, pero por otra parte tengo menos razones cuando se trata de sentimientos. Hoy, por citar un ejemplo, extraño Filipinas. No sé cómo funcionan los mecanismos del hombre, por qué de pronto siente algo y lo define al instante como “extrañar”. Podría decir “extraño a la gente, el aire del lugar, la comida, las soledades”, pero no sé si realmente algunas de esas cosas justifican o le dan significado a mis sentimientos hacia el país en el que viví tres bellos años de mi vida.
Recordar a Filipinas, especialmente a Cebú, que es, en rigor, el lugar de Filipinas donde viví, me produce sensaciones de una belleza incomprensible.
Esta añoranza que ahora escribo comenzó cuando un compañero de trabajo aquí en Madrid me preguntó de qué estaba hecho mi collar. Al responderle que no estaba seguro, le aclaré que lo había comprado en Filipinas. A los dos minutos, me descubrí contándole que Lapu-Lapu había sido y sigue siendo el héroe filipino que mató a Magallanes con su espada precaria y cuya estatua se levanta en un paraje pequeño y poco concurrido en la isla de Mactan, en Cebú.
Muchas veces, mis deseos de volver a Cebú aumentan de tal forma que siento que dejaría todo lo que tengo para ir hacia allí sin más equipaje que mis ganas. Con el tiempo, uno aprende a moverse por la vida con cautela, los miedos comienzan a poblar nuestras mentes como nubes en una tormenta y el silencio forma parte de nuestro carácter con otra intensidad.
Vivimos, y cada acto corrompe y embrutece, amplía horizontes y ensordece. Dónde queda Filipinas. Adónde está. No sólo geográficamente hablando. Sino dónde está, en qué esfera de mi mente, en qué lugar socarrón y perpetuo reside el país en el que viví durante casi tres años. Eso me pregunto. ¿En mi memoria? Quizás.

El tiempo pasa y dictamina. Nos dice qué está bien y qué está mal. Hacemos y deshacemos con la justicia en las manos, pero con qué justicia real vivimos, no lo sé. Lo más importante en la vida es definir aquello que queremos vivir e intentar llevarlo a cabo. Ese fue mi primer paso en Cebú, ese paso que recuerdo cada vez que la nostalgia golpea mis ojos con su lluvia fina de otros tiempos.

Miren un poco de este video: http://www.youtube.com/watch?v=nYp-XKEGKgE

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