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El sueño del poeta

(2014)

La luz de la tarde atravesando la densidad del bosque, convirtiéndose en un mar de luz en el pasto. Reflejo de esa luz que también se mueve por los árboles como un torbellino o un arroyo. Una sonata que suena en la lejanía. Un hombre pensando en cualquier cosa. Un hombre que se da cuenta de que se equivoca y no hace nada. Un hombre temeroso, un guanaco de espaldas. Un caballero de poca monta. Un avestruz haragán.
Oí los tambores en la tarde repentina. Los árboles gemelos mirándose con desconfianza. Un oso hormiguero dibujando hormigas en una libreta blanquísima.
Hay un momento frío que atraviesa la tarde con las hojas de sus cuchillos. Es entonces que uno decide salir a caminar.

La tristeza del árbol carcomido por las hormigas. Los murmullos de la tarde despiertan al poeta. Renace en una especie de acuario, o una ciénaga. El poeta no sabe dónde está. Insiste. Quiere encontrar esa palabra justa, esa descripción clara. El poeta despierta: quiere darle sentido a todas las cosas.

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¿Adónde me lleva la vida?

(2016)
Me detengo. Me siento.
Tengo la sensación de tener la cabeza en muchas partes y en ninguna a la vez. Como los fragmentos de una imagen esparcidos en un lago quieto.
El tiempo se mueve al ritmo de las manecillas del reloj. Un reloj detenido es la prueba brutal de que el tiempo sigue su curso, de que tanto tiempo como espacio están en constante movimiento.
Cada día comprendo que nadie es perfecto, que la suerte ya está echada. Y que, sin embargo, todo puede cambiar.
Es la vida la que nos mata, no la muerte. Y a ella nos aferramos.

Me pongo de pie. Empiezo a andar. ¿Adónde me lleva la vida?

El pianista

(2011)

Me lo puedo imaginar. Al principio un poco tenso. No es fácil convivir con la idea de que afuera hay un público, de que el teatro está lleno. A medida que pasan los segundos, mientras se acerca al piano, se siente más relajado, más concentrado. Cuando le llegan los aplausos en oleadas casi ineludibles (al menos para él), su paso indica el andar seguro de los que saben lo que hacen.

El pianista acerca la silla al piano, se sienta. Levanta, con sensualidad trascendente, la tapa del piano, y descansa sus manos en las rodillas. Parpadea con lentitud. Parece pensar, pero en realidad está observando el piano. No obstante, ya sabemos que un pianista no es trivial y que lo que en rigor observa es la imagen de sí mismo sentado frente a ese piano. Se observa a sí mismo porque está buscando en su interior lo que todo pianista busca: el movimiento. Ese momento indicado en el que comprenderá que lo único que falta en su vida está en las teclas de ese piano. Por su cabeza pasan blancas y corch…