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Técnica y corazón

(2014)
(Homenaje a Paco de Lucía)

Paco de Lucía no ha muerto
A sueldo de negocios sucios.

Murió en la playa
Mirando de reojo al mar.

Abrazó quizá la imagen
De una acorde que nacía
En el origen de las orillas y los arpegios:
Técnica y corazón.

No huyó. No se escondió.

Vivió con el horizonte
Derrumbándose en el océano,
Hambriento de otros dioses.

Construyó su música
Con la madera y con la lluvia,
Con el viento. Con la carne.

Arrancó de su guitarra
Los gritos ahogados del Mediterráneo.
Habitó en su guitarra
El alma humeante de Andalucía.

Paco de Lucía no ha muerto:
Pervive en los espacios etéreos
De guitarras que suenan en la noche profunda,
Mientras los músculos del viento
Se extienden en las llanuras del mar.

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¿Adónde me lleva la vida?

(2016)
Me detengo. Me siento.
Tengo la sensación de tener la cabeza en muchas partes y en ninguna a la vez. Como los fragmentos de una imagen esparcidos en un lago quieto.
El tiempo se mueve al ritmo de las manecillas del reloj. Un reloj detenido es la prueba brutal de que el tiempo sigue su curso, de que tanto tiempo como espacio están en constante movimiento.
Cada día comprendo que nadie es perfecto, que la suerte ya está echada. Y que, sin embargo, todo puede cambiar.
Es la vida la que nos mata, no la muerte. Y a ella nos aferramos.

Me pongo de pie. Empiezo a andar. ¿Adónde me lleva la vida?

El pianista

(2011)

Me lo puedo imaginar. Al principio un poco tenso. No es fácil convivir con la idea de que afuera hay un público, de que el teatro está lleno. A medida que pasan los segundos, mientras se acerca al piano, se siente más relajado, más concentrado. Cuando le llegan los aplausos en oleadas casi ineludibles (al menos para él), su paso indica el andar seguro de los que saben lo que hacen.

El pianista acerca la silla al piano, se sienta. Levanta, con sensualidad trascendente, la tapa del piano, y descansa sus manos en las rodillas. Parpadea con lentitud. Parece pensar, pero en realidad está observando el piano. No obstante, ya sabemos que un pianista no es trivial y que lo que en rigor observa es la imagen de sí mismo sentado frente a ese piano. Se observa a sí mismo porque está buscando en su interior lo que todo pianista busca: el movimiento. Ese momento indicado en el que comprenderá que lo único que falta en su vida está en las teclas de ese piano. Por su cabeza pasan blancas y corch…