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El día en el calendario


(2012)

El comentario de Cimbalina, relacionado con la última publicación del blog, no me deja indiferente.

Tengo en mi casa un calendario que marca cada día de cada mes la fecha de nacimiento de un escritor célebre. Es un calendario literario. El día anterior a leer el comentario de Cimbalina descubrí, en el calendario que cuelga en una de las paredes del salón, que Julio Cortázar había nacido un 26 de Agosto. No quedé boquiabierto al descubrir que, como bien dice Cimbalina, publiqué Cortázar en Mendoza Capital el mismo día de su nacimiento. No lo sabía y su descubrimiento fue una suerte de sorpresa que me deparó una gran alegría. Acá habría que empezar a hablar de casualidad o causalidad, pero no importa qué es. Hoy no busco un por qué. Solamente me alegro de que se haya dado tal coincidencia, si es que las coincidencias existen, etcétera. En fin, lo considero mi regalo a Don Julio Cortázar, cómplice literario, en su nonagésimo octavo cumpleaños.

Sí, definitivamente queremos tanto a Julio.

Comments

  1. Lindo es que pase eso! Llamenló como quieran. Y yo que me quedé con la idea en la cabeza, pensando si había sido una coincidencia o no, que entro para enterarme y me encuentro con esto. Me voy a dormir contenta.
    Estas últimas noches estuve leyendo mucho La vuelta al día en ochenta mundos. Y mis sueños son muy raros. Pero luego el "deber" me llama, y tengo que leer a Deleuze, y todo se complica. Y el "Deber ser" me confunde.

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  2. Gracias por los comentarios, Cimba. No estoy muy en esto últimamente. De pronto mis manos se largan a escribir y publican algo acá, otras escriben una canción, otras veces bucean en el aire. En cualquier caso, siempre buscan la inspiración. Gracias por compartir. Abrazo a los dos.

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¿Adónde me lleva la vida?

(2016)
Me detengo. Me siento.
Tengo la sensación de tener la cabeza en muchas partes y en ninguna a la vez. Como los fragmentos de una imagen esparcidos en un lago quieto.
El tiempo se mueve al ritmo de las manecillas del reloj. Un reloj detenido es la prueba brutal de que el tiempo sigue su curso, de que tanto tiempo como espacio están en constante movimiento.
Cada día comprendo que nadie es perfecto, que la suerte ya está echada. Y que, sin embargo, todo puede cambiar.
Es la vida la que nos mata, no la muerte. Y a ella nos aferramos.

Me pongo de pie. Empiezo a andar. ¿Adónde me lleva la vida?

El pianista

(2011)

Me lo puedo imaginar. Al principio un poco tenso. No es fácil convivir con la idea de que afuera hay un público, de que el teatro está lleno. A medida que pasan los segundos, mientras se acerca al piano, se siente más relajado, más concentrado. Cuando le llegan los aplausos en oleadas casi ineludibles (al menos para él), su paso indica el andar seguro de los que saben lo que hacen.

El pianista acerca la silla al piano, se sienta. Levanta, con sensualidad trascendente, la tapa del piano, y descansa sus manos en las rodillas. Parpadea con lentitud. Parece pensar, pero en realidad está observando el piano. No obstante, ya sabemos que un pianista no es trivial y que lo que en rigor observa es la imagen de sí mismo sentado frente a ese piano. Se observa a sí mismo porque está buscando en su interior lo que todo pianista busca: el movimiento. Ese momento indicado en el que comprenderá que lo único que falta en su vida está en las teclas de ese piano. Por su cabeza pasan blancas y corch…