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Homenaje a Amelia Earhart

En el 115 aniversario de su nacimiento.




(2009)

Cuna de alas que se estropean sin descanso
Con la marcha inalterable del tiempo,
De ojos como entes omnipresentes.
Donde se esparcen pequeños árboles estáticos
Contra horizontes insólitos de sombras inconmensurables.

En el aire hay también un puerto
Y hay aves y nubes y distancia.
Humo de hélices en el viento,
Memoria de estelas imperceptibles:
Las huellas innúmeras del género humano.

Aroma de sales etéreas
Caída, vértigo, augurio, abatimiento.
Despertar hacia propias esencias ocultas
Y aprehender ese destello fulgurante
Que ofrecen las pasiones primarias.

Puerto de almas que sueñan en secreto:
Una mujer es una casa
Con hogar a leña y plantas y jueves
Y el anhelo íntimo de alcanzar en soledad
Las arenas insoslayables de la existencia.

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¿Adónde me lleva la vida?

(2016)
Me detengo. Me siento.
Tengo la sensación de tener la cabeza en muchas partes y en ninguna a la vez. Como los fragmentos de una imagen esparcidos en un lago quieto.
El tiempo se mueve al ritmo de las manecillas del reloj. Un reloj detenido es la prueba brutal de que el tiempo sigue su curso, de que tanto tiempo como espacio están en constante movimiento.
Cada día comprendo que nadie es perfecto, que la suerte ya está echada. Y que, sin embargo, todo puede cambiar.
Es la vida la que nos mata, no la muerte. Y a ella nos aferramos.

Me pongo de pie. Empiezo a andar. ¿Adónde me lleva la vida?

El pianista

(2011)

Me lo puedo imaginar. Al principio un poco tenso. No es fácil convivir con la idea de que afuera hay un público, de que el teatro está lleno. A medida que pasan los segundos, mientras se acerca al piano, se siente más relajado, más concentrado. Cuando le llegan los aplausos en oleadas casi ineludibles (al menos para él), su paso indica el andar seguro de los que saben lo que hacen.

El pianista acerca la silla al piano, se sienta. Levanta, con sensualidad trascendente, la tapa del piano, y descansa sus manos en las rodillas. Parpadea con lentitud. Parece pensar, pero en realidad está observando el piano. No obstante, ya sabemos que un pianista no es trivial y que lo que en rigor observa es la imagen de sí mismo sentado frente a ese piano. Se observa a sí mismo porque está buscando en su interior lo que todo pianista busca: el movimiento. Ese momento indicado en el que comprenderá que lo único que falta en su vida está en las teclas de ese piano. Por su cabeza pasan blancas y corch…