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Crónicas marcianas

(2011) Ray Bradbury escribió Crónicas Marcianas en los años cuarenta. Si nos situamos en aquella época, los que no hemos vivido en aquél tiempo, comprenderemos sólo una parte del valor de su obra. Una época en la cual el viaje al espacio y la posibilidad de otra vida fuera de la Tierra conquistaba a los norteamericanos, alcanzando dimensiones elevadas. Para los que leyeron Crónicas Marcianas apenas publicado, habrán seguramente experimentado el terror, la sorpresa y la inimaginable vida marciana imaginada por Bradbury. No soy lector de ciencia ficción, pero este libro me da pie a pensar que tal vez en este tipo de libros exista algo más que una invención de posibles futuros. Un lector avispado logrará entender que el espacio elegido (y el género) no son más que superficiales, las paredes exteriores que salvaguardan el interior de la casa, su verdadero mensaje: que ya en aquella época se vislumbraba la tragedia que supone el capitalismo, la involución de las sociedades en términos human...

Biografía del hambre

(2011) Para escribir es necesario tener las ideas claras. Los libros son de gran ayuda para lograrlo. Amélie Nothomb sabe de lo que hablo. He leído su novela Biografía del hambre. Es excepcional. Por lo que cuenta, por cómo lo cuenta. Pocos son los libros que, a través de su sintaxis, nos producen un cambio en la estructura de nuestros pensamientos. Biografía del hambre lo consigue. . La novela es autobiográfica. Hija de un diplomático belga, la escritora ha vivido la mayor parte de su infancia y adolescencia en Oriente Medio. No es accesorio señalar que ser hijo de un diplomático no solo permite descubrir el movimiento del mundo a una edad temprana, sino que ese descubrimiento es también temprano en relación con el mundo personal. No exenta de la nostalgia que produce el desarraigo, Nothomb ha descubierto ambos mundos en sus muchas facetas a lo largo de años errabundos por países de diversa índole que han marcado definitivamente su personalidad —y su escritura. El rasgo distintivo de ...

El sabor agridulce de su existencia

(2010) Para ser honesto, fue un descubrimiento amargo, pero a pesar de su amargura, no dejó de asombrarme, casi de alegrarme, como cuando un niño descubre su primer bigote y tiene la certeza absoluta de que tiene que afeitárselo, aunque lo que él llama bigote no sea más que una pelusita indiscernible. Había terminado de ducharme, una de esas duchas que reconfortan al cuerpo. Me miraba en el espejo mientras me secaba. Al principio no la reconocí, casi la negué, creyendo que sería algún reflejo de las luces del baño. Me acerqué con recelo un poco más y ahí mismo descubrí su existencia. Su descubrimiento fue el punto de partida para pensar muchas cosas que de otra manera no me hubiese detenido a contemplar, tal vez a razón de llevar una vida en la cual los pensamientos que verdaderamente valen la pena son los que menos pensamos. En principio, y aunque me parezca extraño, pensé en el significado de los símbolos. El símbolo, por definición, es la representación sensorialmente perceptible de...

Por el placer de volver a verla

(2010) ¿Has visto alguna vez una obra de teatro que te haya emocionado? Realmente, ¿la has visto? Pues si tu respuesta es quizás o alguna vez o incluso nunca , tengo una obra de teatro para recomendarte, una obra que considero imperdible tanto por su dinamismo escénico como por su elenco mínimo, formado por dos actores de primer nivel: Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza. Pareja en la vida real, estos dos grandes actores, de facultades simbólicamente ambivalentes, nos regalan una hora y media del mejor teatro a través de pensamientos y emociones tan profundas como simples, de escenas inolvidables y risas incontenibles. La historia, escrita por Michel Tremblay, gira en torno a un ya maduro dramaturgo que evoca a su madre, de quien guarda un hondo recuerdo. El actor nos muestra a su madre tal cual él mismo la vivió, como su verdadera fuente inspiradora en la vida, dueña de un fuerte carácter maternal y un sentido de la vida sensible y perceptivo. Una mujer que le ha dado no sólo materia...

Nadie te lo dice

(2010) Nadie te dice que vas a tener que enterrarlos. Lo intuyes a medida que vas creciendo, pero cuando realmente comienzas a vislumbrarlo como una verdadera posibilidad, el corazón se detiene en seco y arranca nuevamente, golpeando con más fuerza. Es trágico darse cuenta de que pasas más tiempo pensando y haciendo cosas que no tienen sentido que aquellas que llenan realmente tu vida. Darse cuenta de que el tiempo es mucho más severo de lo que los relojes nos hacen creer. Porque el tiempo pasa y un día te das cuenta de que su caminar es más pausado, de que sus manos —viejos barcos de madera— son más frágiles, de que su piel se degenera en transparencias y arrugas evidentes y de que lo poco de cabello que les queda es blanco y fino como un racimo de nubes. No tienes claro cuándo comienzas a advertir estas cosas. Tan solo observarlos envejecer, descubrir el lento cambio de sus hábitos diarios cuando notas que se quedan más tiempo en casa, que se ríen con más soltura, que se cuidan en to...

Invocación

(2002) (Escrito un día sin nubes) Acércate, lluvia, acércate a este mundo. Llueve lo que quieras tu vida de techos y paraguas. Llueve tu vida pesada al borde de la oscuridad. Llueve, y despierta los sentidos más ocultos y pacíficos de los hombres, despierta sus gestos más humanos, sus secretas heridas abiertas; despierta sus palabras de consuelo, sus silencios abrasadores, sus sensaciones nostálgicas de brazos abiertos. Ven, acércate, y llueve sin miedo. Tu agua es licor que se desliza entre enredaderas y mejillas de mujer. Tu agua es oro transparente. Es sopor en las noches solitarias cuando el sueño no llega. Algún día que lluevas fino, podría acercarme a ti. Levantar la mirada hacia el nimbo del que provienes y dejar que tus gotas golpeen mis ojos salados y parpadear. Jugar así, o bailar y empaparme las ropas secas de tanta soledad. Acércate, lluvia, la ciudad te necesita. Necesita beber de tu fuente esencial, de tus manantiales sagrados, atragantada por tanta comida enlatada, ardie...

El partido de fútbol

(2005) Es una noche sin luna. En un estadio colmado de almas enardecidas se juega un partido de fútbol: el equipo negro versus el equipo blanco. Llueve. Las hinchadas se reparten cánticos que despiertan las pasiones más ocultas. Laten. El equipo negro gana uno a cero. Ultima jugada. El jugador número cinco del equipo blanco inmoviliza la pelota en el medio de la cancha, estudiando los espacios, proyectándolos, y abriendo la cancha hacia la derecha, al jugador número cuatro quien, al recibirla, avanza unos pasos y se la pasa en diagonal al jugador número ocho. Combinando un exquisito triángulo imperfecto, el jugador número ocho se la devuelve al jugador número cinco que se aproxima, decidido, por el medio de la cancha. Como toros, dos jugadores del equipo negro salen a marcarlo, barriendo, uno de ellos, el césped que brilla por la lluvia. Desde todos los rincones del estadio, el aliento de las hinchadas baja al campo de juego como un ejército de fantasmas. El jugador número cinco del eq...