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Posts

Homenaje a Amelia Earhart

En el 115 aniversario de su nacimiento. (2009) Cuna de alas que se estropean sin descanso Con la marcha inalterable del tiempo, De ojos como entes omnipresentes. Donde se esparcen pequeños árboles estáticos Contra horizontes insólitos de sombras inconmensurables. En el aire hay también un puerto Y hay aves y nubes y distancia. Humo de hélices en el viento, Memoria de estelas imperceptibles: Las huellas innúmeras del género humano. Aroma de sales etéreas Caída, vértigo, augurio, abatimiento. Despertar hacia propias esencias ocultas Y aprehender ese destello fulgurante Que ofrecen las pasiones primarias. Puerto de almas que sueñan en secreto: Una mujer es una casa Con hogar a leña y plantas y jueves Y el anhelo íntimo de alcanzar en soledad Las arenas insoslayables de la existencia.

Cigarrillos

Fumé mi primer cigarrillo a los 11 años en la casa de mi mejor amigo de la escuela. Además de él y yo, los verdaderos impulsores de aquella aventura tabacalera, había tres o cuatro chicos más que habían venido con el mismo objetivo: fumar un cigarrillo que mi amigo había conseguido y que guardaba sobre el armario de su pieza, al que sólo se podía llegar subiéndose al escritorio. Bajó el paquete de Le Mans medio arrugado y sacó el primer cigarrillo que todos miramos y olimos con ansias de probar el sabor humeante de lo desconocido. No sé quién fue el primero en encenderlo. Al probarlo, recuerdo haber sentido el gusto pastoso característico de esos cigarrillos horribles que fumé durante algunos años más sólo porque a mi madre no se le había ocurrido mejor idea que encariñarse con esos cigarrillos de segunda categoría pero cuyas publicidades lo hacían parecer como los cigarrillos más deseables. Recuerdo todavía el lema de sus publicidades: “Le Mans, compañero de emociones”. Luego, agra...

Postales II

(2012) Desde mi primera experiencia en el exterior, descubrí sin sorpresa que me gusta enviar postales. No sé por qué. Debe ser una de esas cosas que a uno le apetece hacer. Será tal vez un pasatiempo, o las ganas de compartir con la gente querida lo que el espacio y el tiempo no nos permiten compartir. Será que me gustan sellos de otros países o dejar las postales en buzones extranjeros. Tal vez me gusta la síntesis que aplicamos en esos mensajes con sabor a nostalgia. Lo más probable es que sean todas esas razones, entre otras tantas, las que me hacen elegir una postal, escribir unas líneas pensando en la persona a la que le voy a enviar dicha postal, regresar a casa a buscar la dirección de fulanito, volver a la calle y caminar hasta el estanco más cercano para comparar una estampilla, humedecerla con la lengua, pegarla en la esquina derecha, lo más arriba posible, dirigirme al buzón más próximo y arrojar la postal no sin antes darle un beso de buena suerte, como si ese beso fuese e...

Hit the road, Jack

(2012) Jack Kerouac 12/03/1922 – 21/10/1969 Recuerdo el momento en el que abrí el libro En el camino por primera vez. Vivía con mi familia en un departamento del conurbano bonaerense. En el último piso del edificio, estaba la terraza. En la terraza, al dueño de cada departamento del edificio le correspondía un baulera, un cuarto pequeño con olor a humedad y a trastos viejos lo más parecido a un ático sin ventanas. Allí, entre sillas viejas, sombrillas y reposeras de playa con restos de arena seca, candelabros y vajillas viejísimos y cucarachas muertas panza arriba, había también cajas con libros. Casi todas, si no me equivoco, pertenecían a mi abuelo, heredadas por mi madre. En una de esas cajas descubrí, con asombro, el libro en cuestión. De amarilla tapa dura, perteneció a mi abuelo materno "El Negro" José Eduardo. El mundo exterior que percibimos es el reflejo de lo que sentimos. En aquél entonces tenía yo 18 años. Era la época del descubrimiento del mundo exterior. Yo lo...

Postales

(2012) A Matías y Daniela Una pareja viajó a la Patagonia. Durante sus vacaciones, acariciaron otra vida. El tiempo libre, los cielos abiertos, la inmensidad de montañas inconquistables. Cada sitio, cada aroma, el contacto con la tierra abrió viejas ventanas interiores, conquistó nostalgias, sosegó heridas. En todo ese tiempo, la pareja recordó que no hay crimen más grande que el olvido. Por eso, y porque la amistad desconoce de fronteras, decidieron enviar postales. Se detuvieron en los pequeños comercios de los pueblos del interior del país y buscaron una postal, y luego otra. Así, a lo largo de los caminos que recorrieron, fueron enviando postales a sus amigos. Una postal para cada persona entrañable. Entre ellos, estrella afortunada, estaba yo. Sin embargo, mi postal no me llegó con un sello del correo argentino. No la encontré en mi buzón de la calle Atocha. No me la entregó un cartero apurado. Mi postal viajó en el bolso de una mujer, envuelta en un sobre marrón. La hermana de un...

Los ojos

(2012) Hoy seré subjetivo. Los ojos es una obra de teatro hecha a mí medida. Dos mujeres, madre e hija, Natalia y Nela, argentinas, viven en un pueblito del norte de España. La hija está de novia con un hombre español, Pablo, ciego de nacimiento. El conflicto se genera, aparentemente, cuando una médica española convence Pablo de que puede curarlo, de que puede ver. Y digo aparentemente, porque el conflicto ya está presente desde el comienzo de la obra, el conflicto que significa vivir lejos de la tierra madre, del amor que perdimos, del amor que podemos perder. Una obra profundamente bella, por la veracidad de sus personajes, la eficacia de los diálogos, de los conflictos que cada uno de esos personajes sufre. Todo cierra en un círculo perfecto. Nada queda velado para los sentimientos. La vida está ahí.

Primavera salvaje

(2009) Una cúpula se forma con las manos Acoge la llama del fuego anónimo Marea de aromas que se elevan sigilosos Desde los vértices ardientes de una esquina desolada Quizás en busca de un pasaje hacia otra zona Más afable, más dulce, más candente El ígneo deseo ignorado naufragaba En las aguas desorientadas de la inocencia Reminiscencias bruscas de una primavera salvaje Traspasan la espesura pringosa de los años, El nacimiento de símbolos vestales En el útero sangrado de sombras diáfanas Máscaras concebidas en el núcleo de nubes circulares Bajo la lumbre segregada de lunas ciegas En ciclos constantes que el intelecto no adivina: Signos elocuentes en los contornos de tu lengua Quizás en busca de un paisaje, de otra región Más abierta, más feroz, más pedregosa Ensueño de caminantes que renuncian Al templo profano de las formas