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Nadie te lo dice

(2010) Nadie te dice que vas a tener que enterrarlos. Lo intuyes a medida que vas creciendo, pero cuando realmente comienzas a vislumbrarlo como una verdadera posibilidad, el corazón se detiene en seco y arranca nuevamente, golpeando con más fuerza. Es trágico darse cuenta de que pasas más tiempo pensando y haciendo cosas que no tienen sentido que aquellas que llenan realmente tu vida. Darse cuenta de que el tiempo es mucho más severo de lo que los relojes nos hacen creer. Porque el tiempo pasa y un día te das cuenta de que su caminar es más pausado, de que sus manos —viejos barcos de madera— son más frágiles, de que su piel se degenera en transparencias y arrugas evidentes y de que lo poco de cabello que les queda es blanco y fino como un racimo de nubes. No tienes claro cuándo comienzas a advertir estas cosas. Tan solo observarlos envejecer, descubrir el lento cambio de sus hábitos diarios cuando notas que se quedan más tiempo en casa, que se ríen con más soltura, que se cuidan en to...

Invocación

(2002) (Escrito un día sin nubes) Acércate, lluvia, acércate a este mundo. Llueve lo que quieras tu vida de techos y paraguas. Llueve tu vida pesada al borde de la oscuridad. Llueve, y despierta los sentidos más ocultos y pacíficos de los hombres, despierta sus gestos más humanos, sus secretas heridas abiertas; despierta sus palabras de consuelo, sus silencios abrasadores, sus sensaciones nostálgicas de brazos abiertos. Ven, acércate, y llueve sin miedo. Tu agua es licor que se desliza entre enredaderas y mejillas de mujer. Tu agua es oro transparente. Es sopor en las noches solitarias cuando el sueño no llega. Algún día que lluevas fino, podría acercarme a ti. Levantar la mirada hacia el nimbo del que provienes y dejar que tus gotas golpeen mis ojos salados y parpadear. Jugar así, o bailar y empaparme las ropas secas de tanta soledad. Acércate, lluvia, la ciudad te necesita. Necesita beber de tu fuente esencial, de tus manantiales sagrados, atragantada por tanta comida enlatada, ardie...

El partido de fútbol

(2005) Es una noche sin luna. En un estadio colmado de almas enardecidas se juega un partido de fútbol: el equipo negro versus el equipo blanco. Llueve. Las hinchadas se reparten cánticos que despiertan las pasiones más ocultas. Laten. El equipo negro gana uno a cero. Ultima jugada. El jugador número cinco del equipo blanco inmoviliza la pelota en el medio de la cancha, estudiando los espacios, proyectándolos, y abriendo la cancha hacia la derecha, al jugador número cuatro quien, al recibirla, avanza unos pasos y se la pasa en diagonal al jugador número ocho. Combinando un exquisito triángulo imperfecto, el jugador número ocho se la devuelve al jugador número cinco que se aproxima, decidido, por el medio de la cancha. Como toros, dos jugadores del equipo negro salen a marcarlo, barriendo, uno de ellos, el césped que brilla por la lluvia. Desde todos los rincones del estadio, el aliento de las hinchadas baja al campo de juego como un ejército de fantasmas. El jugador número cinco del eq...

Luna de Madrid

(2010) A Lorena Caminábamos bajo la luz de una luna que se perdía detrás de edificios limpios y amontonados. A veces, sin darnos cuenta, nos tocábamos los hombros. Sin tocarnos las manos, sacábamos inocentemente una pelusita de su blusa o un pelo de mi gabán. Algo dentro, en el núcleo de nuestra esencia, nos dirigía, pero la lógica de los que recién se conocen nos mantenía en un estado de alerta, de observación próxima. Nos examinábamos. El tacto estaba siempre presente, como un reptil pegado a una piedra. A medida que caminábamos, la luna aparecía y desaparecía entre los edificios. La buscábamos. Y, porque la buscábamos, terminábamos deteniéndonos en detalles nimios: el interior de un departamento iluminado por velas en el que sólo de distinguían siluetas deformes, un tendedero lleno de ropa adyacente a una ventana cubierta de macetas, un gato saltando desde un tejado, un bebé en brazos de una mujer enorme, una coci...

Scintillating Venuses

(2009) (Poema inspirado en la pintura de Kriss Lewis) Desde las fauces trepa un quejido insensato Que, ausente de salud, asciende hasta los ojos Las flores disimulan cardos acallados Y pétalos ásperos que se guarecen en la boca Bebes de una botella llena de piedras Que descienden por la garganta: Escupitajos y vómitos de nostalgia Colinas descoloridas, arroyos secos Espejo del cielo en la tierra ¡Sin tacto no hay materia! Sed etílica y ensueño: los senos descubiertos, A la vera de una mañana con lluvia, los guantes, Rescoldos de té tibio, un periódico mojado, La influencia de manos ajenas en el cuerpo, el azúcar Mas no habrá cristales quebrantados Que no evidencien el desenlace de un amor Cuando la locura abarca a un espíritu Que ha enviciado su fe

La noche secreta

(2009) Nos derrumbamos al sueño. Abrimos otras puertas. Damos pasos precisos, impensados. Contemplamos árboles azules que acarician campos de guerra. Son noches de pájaros que tiemblan. Anidamos en fronteras que nacen a destiempo (como todo en la vida). Navegamos mares sin sombra hacia bosques inciertos. La penumbra es sorda. Sorda, la locura. La máquina divierte con cuentos de hadas. Una máquina que alza muros, que cierra puertas. La dignidad se acerca cada vez más a la ciudadela de las utopías. Es la victoria de la máquina y su amante perfecta la tragedia. Nosotros buscamos y rebuscamos —en los desiertos de la memoria colectiva— el modo de derrotar a la máquina, de burlarla. Buscamos esa llave. La llave. La buscamos a través de túneles y senderos, en esa profundidad donde no existen los precipicios. Navegamos mares sin sombra hacia bosques inciertos. Todo lo que crea el hombre perece. Todo se resume en una certeza: somos mortales. Esa certeza que nos roba el sueño, que nos mantie...

Homenaje a Amelia Earhart

(2009) Cuna de alas que se estropean sin descanso Con la marcha inalterable del tiempo, De ojos como entes omnipresentes. Donde se esparcen pequeños árboles estáticos Contra horizontes insólitos de sombras inconmensurables. En el aire hay también un puerto Y hay aves y nubes y distancia. Humo de hélices en el viento, Memoria de estelas imperceptibles: Las huellas innúmeras del género humano. Aroma de sales etéreas Caída, vértigo, augurio, abatimiento. Despertar hacia propias esencias ocultas Y aprehender ese destello fulgurante Que ofrecen las pasiones primarias. Puerto de almas que sueñan en secreto: Una mujer es una casa Con hogar a leña y plantas y jueves Y el anhelo íntimo de alcanzar en soledad Las arenas insoslayables de la existencia.