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El partido de fútbol

(2005) Es una noche sin luna. En un estadio colmado de almas enardecidas se juega un partido de fútbol: el equipo negro versus el equipo blanco. Llueve. Las hinchadas se reparten cánticos que despiertan las pasiones más ocultas. Laten. El equipo negro gana uno a cero. Ultima jugada. El jugador número cinco del equipo blanco inmoviliza la pelota en el medio de la cancha, estudiando los espacios, proyectándolos, y abriendo la cancha hacia la derecha, al jugador número cuatro quien, al recibirla, avanza unos pasos y se la pasa en diagonal al jugador número ocho. Combinando un exquisito triángulo imperfecto, el jugador número ocho se la devuelve al jugador número cinco que se aproxima, decidido, por el medio de la cancha. Como toros, dos jugadores del equipo negro salen a marcarlo, barriendo, uno de ellos, el césped que brilla por la lluvia. Desde todos los rincones del estadio, el aliento de las hinchadas baja al campo de juego como un ejército de fantasmas. El jugador número cinco del eq...

Luna de Madrid

(2010) A Lorena Caminábamos bajo la luz de una luna que se perdía detrás de edificios limpios y amontonados. A veces, sin darnos cuenta, nos tocábamos los hombros. Sin tocarnos las manos, sacábamos inocentemente una pelusita de su blusa o un pelo de mi gabán. Algo dentro, en el núcleo de nuestra esencia, nos dirigía, pero la lógica de los que recién se conocen nos mantenía en un estado de alerta, de observación próxima. Nos examinábamos. El tacto estaba siempre presente, como un reptil pegado a una piedra. A medida que caminábamos, la luna aparecía y desaparecía entre los edificios. La buscábamos. Y, porque la buscábamos, terminábamos deteniéndonos en detalles nimios: el interior de un departamento iluminado por velas en el que sólo de distinguían siluetas deformes, un tendedero lleno de ropa adyacente a una ventana cubierta de macetas, un gato saltando desde un tejado, un bebé en brazos de una mujer enorme, una coci...

Scintillating Venuses

(2009) (Poema inspirado en la pintura de Kriss Lewis) Desde las fauces trepa un quejido insensato Que, ausente de salud, asciende hasta los ojos Las flores disimulan cardos acallados Y pétalos ásperos que se guarecen en la boca Bebes de una botella llena de piedras Que descienden por la garganta: Escupitajos y vómitos de nostalgia Colinas descoloridas, arroyos secos Espejo del cielo en la tierra ¡Sin tacto no hay materia! Sed etílica y ensueño: los senos descubiertos, A la vera de una mañana con lluvia, los guantes, Rescoldos de té tibio, un periódico mojado, La influencia de manos ajenas en el cuerpo, el azúcar Mas no habrá cristales quebrantados Que no evidencien el desenlace de un amor Cuando la locura abarca a un espíritu Que ha enviciado su fe

La noche secreta

(2009) Nos derrumbamos al sueño. Abrimos otras puertas. Damos pasos precisos, impensados. Contemplamos árboles azules que acarician campos de guerra. Son noches de pájaros que tiemblan. Anidamos en fronteras que nacen a destiempo (como todo en la vida). Navegamos mares sin sombra hacia bosques inciertos. La penumbra es sorda. Sorda, la locura. La máquina divierte con cuentos de hadas. Una máquina que alza muros, que cierra puertas. La dignidad se acerca cada vez más a la ciudadela de las utopías. Es la victoria de la máquina y su amante perfecta la tragedia. Nosotros buscamos y rebuscamos —en los desiertos de la memoria colectiva— el modo de derrotar a la máquina, de burlarla. Buscamos esa llave. La llave. La buscamos a través de túneles y senderos, en esa profundidad donde no existen los precipicios. Navegamos mares sin sombra hacia bosques inciertos. Todo lo que crea el hombre perece. Todo se resume en una certeza: somos mortales. Esa certeza que nos roba el sueño, que nos mantie...

Homenaje a Amelia Earhart

(2009) Cuna de alas que se estropean sin descanso Con la marcha inalterable del tiempo, De ojos como entes omnipresentes. Donde se esparcen pequeños árboles estáticos Contra horizontes insólitos de sombras inconmensurables. En el aire hay también un puerto Y hay aves y nubes y distancia. Humo de hélices en el viento, Memoria de estelas imperceptibles: Las huellas innúmeras del género humano. Aroma de sales etéreas Caída, vértigo, augurio, abatimiento. Despertar hacia propias esencias ocultas Y aprehender ese destello fulgurante Que ofrecen las pasiones primarias. Puerto de almas que sueñan en secreto: Una mujer es una casa Con hogar a leña y plantas y jueves Y el anhelo íntimo de alcanzar en soledad Las arenas insoslayables de la existencia.

Sobre el destino

Extracto de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato (…) Porque el destino no se manifiesta en abstracto sino que a veces es un cuchillo de un esclavo y otras veces la sonrisa de una mujer soltera. El destino elige sus instrumentos, en seguida se encarna y luego viene la joda. (…) El destino no puede andar eligiendo en forma tan ajustada a la gente que le va a servir de instrumento. Del mismo modo que si vos estás apurado para llegar a un lugar, cosa de vida o muerte, no te vas a andar fijando mucho si el auto está tapizado de verde o el caballo tiene una cola que te disgusta. Se agarra lo que se tiene más a mano. Por eso el destino es un poco confuso y un poco equívoco: él sabe bien lo que quiere, en realidad, pero la gente que lo ejecuta, no tanto.