(22 de Marzo, 2014)
Tenemos vecinos nuevos. Los acabo
de despedir a la salida del ascensor con un recatado hasta luego. El portón,
casi se los cierro en la cara. Entré al ascensor rápidamente: uno siempre
desconfía de las caras nuevas. Entraron después de mí ágilmente, como dos leopardos.
Durante el
ascenso, la pareja cruzó algunas palabras. Después, fue todo silencio. Nos
estudiamos sin mirarnos, sólo percibiendo el estar y el sentir de la persona a
su lado. Sentí que ellos también se estudiaron un instante. Fue un momento extraño,
lleno de magia.
Él abrió la puerta del ascensor. Ella esperó a que yo le ceda
el paso. Lo hice, pero sin un mínimo gesto: no me moví un ápice. Ella salió despedida. Fue por la
incertidumbre, que le abrió los ojos. No los miré. Fui hacia el portal derecho, sin parpadear un instante.
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